por Lucas Bridges

Durante las largas horas que estuve con ellos en la logia, atento a las exhortaciones de los ancianos, durante los meses que pasé solo en su compañía, nunca oí una palabra que se relacionara con religión o adoración de ninguna clase: ninguna promesa de vida futura, ni esperanza de recompensa o temor de castigo.

Temor a la muerte causada por brujería, sí; temor a ciertos espectros, (no a los de sus muertos) ; aún a los espíritus de ciertas montañas; temor a la muerte, término de la vida; probablemente temor no confesado de lo desconocido. . . ; pero ningún culto, ninguna plegaria. . ., ni dios, ni diablo. . .

Aparte de todos dichos temores y leyendas supersticiosas, esta gente tenía un gran secreto, cuya explicación nos obligará a remontarnos desde un principio al tiempo en que los bosques eran siempre verdes, antes de que las cabezas de los gigantes Cwonyipe y Chashkilchesh, que en ellos vagaban, asomaran por sobre las copas de los árboles; a la época en que el sol y la luna caminaban por sobre la tierra y en que gran parte de las montañas eran seres humanos.

En aquellos días sólo las mujeres conocían la brujería y eran dueñas de la logia, a la cual ningún hombre osaba cercarse; donde enseñaban sus artes a las doncellas núbiles, impartiéndoles también el poder de causar la muerte por enfermedad a cualquier persona.

Los hombres, por más que poseyeron arcos y flechas, y proveyeran de carne al campamento, nada podían contra brujería y enfermedades; dominados por un miedo abyecto, vivían sujetos a la autoridad de las mujeres.

La tiranía de éstas creció hasta volverse insoportable.  Los hombres, entonces, dándose cuenta de que menos peligrosa les resulta una bruja muerta, que una viva, se completaron para darles muerte, y ni una sola escapó en forma humana.

Una joven especialmente vivaz, al huir de los hombres saltó a una cascada altísima llamada Oklohl Warren y quedó convertida en el "pato de cascada oklohl", zambullidor pequeño de brillantes colores, increíblemente rápido, que solamente se encuentra en cascadas o torrentes de la montaña.

Una matrona corpulenta y vigorosa se internó en la playa, ocultando a sus hijas con el manto, y consiguió llegar así sana y salva hasta el mar, donde quedaron convertidas en patos loggerhead "Tarri Alahksh".

Un hombre joven, que parece haberse distinguido en esta massacre ultrajando cadáveres, se transformó en el ibis "kolkek", cuyo cuello pelado y rojizo le da la desagradable apariencia de tener allí una herida siempre abierta.

Hasta la misma luna parece haber estado complicada en el asunto: su esposo el sol la atacó tratando de darle muerte, y ella muestra aún hoy las huellas de los golpes.  Consiguió finalmente escapar. y, corriendo hacia la montaña Aklek-go-oiyin,, saltó desde su cumbre, perseguida siempre por el sol.

Continuaron su carrera dando vueltas a la tierra cerca del horizonte, hasta que años después, o quizá siglos, un curandero poderoso llamado Cwonyipe consiguió convencerlos de que se establecieron en el sur por corto tiempo (menor aún del que emplean hoy día en el solsticio de verano) ; y entonces comenzaron a subir cada vez más hacia el norte, acortándose los días, sin- embargo, y alargándose las noche a medida que iba pasando el tiempo.

Otros muchísimos cambios se verificaron en esa época; cantidad de seres humanos se transformaron en colinas o montañas; en cambio jamás oí citar caso de animal o cosa convertidos en persona.

Después de la gran matanza los hombres se encontraron con que habían dado muerte no solamente a las mujeres, sino aún a las niñas mozas, por el temor de que éstas hubieran comenzado ya sus estudios en brujería, y se les planteó la cuestión de cómo se las arreglarían para mantener su predominio cuando las niñas se convirtieran en mujeres.

¡Un secreto!, ¡ una logia! donde los hombres pudieran tener misteriosas entrevistas con ciertos espíritus que ellos personificarían (y a los que parecerían haber inventado con este exclusivo objeto); un sitio vedado, bajo pena de muerte a las mujeres.  Salvo  una excepción, dichos espíritus odiaban a las mujeres, y eran en cambio benévolos para con los hombres, a pesar de su mal genio.

En sitios donde ha habido reuniones numerosas de onas, suele encontrarse un wigwan cónico de grandes perchas, a un cuarto de milla aproximadamente del campamento y más o menos al Este, semioculto generalmente por árboles o maleza (1).

Esto era el "hain" - colegio, teatro o logia al que solamente tenían acceso los hombres.  Los jóvenes de 14 a 16 años eran admitidos recién después de un período de prueba, de más de dos años a veces, durante el cual se les reconocía con el nombre de kloktn.

Estando entre hombres únicamente, se me había dicho muy seriamente que ciertos seres, en los que me era imposible creer, visitaban a los hombres en sus reuniones; y deduje que la mejor manera de obtener más datos acerca de este curioso asunto era escuchar todo lo que me dijeran sin demostrar incredulidad ni hacer preguntas.

Cierto día de otoño, hace más de treinta años, me invitaron a una gran reunión de onas en un viejo hain reconstruido, y habiéndome incorporado a un grupo de hombres en torno a un fogón a corta distancia del campamento, me encontré con que yo era objeto de animado debate, en el que parecía haber alguna divergencia de opinión.

Mientras los hermanos Shiyolh y Shishcolh encabezaban la minoría, Halimink e Tininisk - curandero éste muy influyente - abogaron fuertemente en mi defensa.  El último, después de enumerar varios episodios de mi vida que podían prestigiarme entre esa gente primitiva, concluyó diciendo que "aunque mi apariencia era de blanco, mi corazón era de ona".

La oposición quedó al parecer acallada, y Halimink, uno de mis amigos más viejos, me dijo que "ahora yo era un indio y un hombre, no ya un niño, pero que me quedaba todavía mucho que aprender, y que Anéken (no Ahnikin), junto con otro, sería en adelante mi guía y tutor; que yo debía poner atención a lo que se me dijera y obedecer las reglas de la logia.

La nariz y los ojos de Anéken evocaban a un ave de rapiña; podría haber servido de modelo para uno de los guerreros piel roja del "Ultimo de los Mohicanos" de Fenimore Cooper.  Seis pies de alto y poderosa la estructura, su paso era sin embargo tan ligero e incansable que más que marcha parecía deslizamiento.

Anéken era del sudeste, lo mismo que su padre, pero la madre era del norte, lo que le autorizaba a pasar por cualquier lado de la logia al venir del campamento; y dentro de ella podía elegir dos sitios diferentes para sentarse; yo, en cambio, que había venido de las montañas del sur, y que no tenía relación con los del norte, debía salir por el lado norte o izquierdo de la logia, manteniendo a ésta a mi derecha hasta llegar a la entrada que estaba siempre opuesta al campamento.  No debía cruzar a ésta bajo ningún pretexto, y tenía que entrar por el extrem,o derecho e ir dando vuelta contra el costado hasta alcanzar uno de los grandes postes de la carpa a poco más de mitad camino al fondo. Mi sitio se llamaba el de la "avutarda".

Anéken, a causa de su padre, podía sentarse también allí; y yo debía considerarlo como mi único asiento cuando había sesión en la Casa. Del fuego en el centro de la "logia" partía una grieta imaginaria de profundidad incalculable, con fuego en el fondo, saliendo por la puerta y basta lejos en dirección al este.

Hace muchos siglos, cuando el "rain" era nuevo, esta fisura existió realmente, y todo el que intentaba cruzarla caía en ella y desaparecía.  Actualmente, el que por inadvertencia pasara sobre el sitio en que se suponía estar el abismo debía ser arrojado al fuego.

Muchos de los hombres, al dirigirse a la reunión, podían aproximarse al "hain" por ambos costados, como Anéken, pero otros sólo podían hacerlo por uno, como yo.  Cuando no había reunión formal podíamos salir en cualquier orden, y no estábamos sujetos a regla alguna, ni a las de la grieta imaginaria.  El "hain" se transformaba en simple vivienda y dormitorio para solteros.

Anéken me preguntó si tenía miedo al fuego. Saqué del fuego una brasa y me la coloqué en, el brazo.  Casi en seguida la apartó, y pareció satisfecho; y pronto la seriedad de la reunión fué dando lugar a tranquila charla y risas contenidas.

Se me discutió de pies a cabeza, sobre mi aptitud a personificar tal o cual de los seres semi-humanos que visitan al "hain".  Mi estatura y complexión daban bien para "Short", pero las huellas de mis pies desnudos me delatarían; ni las mujeres dejarían de reconocerlas; decididamente no; habría demasiado riesgo.

A intervalos durante la tarde los hombres, sin molestarse en cambiar de sitio levantaban horrible gritería; bramidos de ira y temor, llantos de espanto o dolor, mezclados con un sonido parecido probablemente al de "Jabberwock wiffling through the Tulgay wood and burbling" (2) ; enteramente distinto de todo ruido conocido.

Algunos se lastimaban con trozos de vidrio malamente, en pechos o brazos, más levemente en la cara, y se pinchaban con agudas púas las narices hasta hacerlas sangrar abundantemente.

Durante una pausa de esta babel oí gritos de mujeres por la parte posterior del "hain", a la mínima distancia a que se habían atrevido a acercarse, y una de ellas preguntó si habían dado muerte a su hermano mayor.  Los hombres contestaron que me estaban protegiendo, y les ordenaron volverse.

Parece que dos hermanas malignas, "Halpen" la de las nubes blancas y "Tanu" la de la arcilla roja, se habían enfurecido al ver a un blanco introducido en la "logia".  Los hombres me defendían valientemente, y sus heridas, hechas para despertar la curiosidad de las mujeres se debían a la uña puntiaguda del dedo mayor de la mano de aquellas extrañas visitantes.

Creo que fué a la mañana siguiente cuando decidieron vestir al joven "Tinis" para que representara a "Halpen"; cubriéronlo de mantas de guanaco - contribuyendo cada uno con la única vestimenta - hasta que el pobre diablo, abrumado, apenas podía ya caminar, perdida toda apariencia humana.  Quedaba casi cegado por el ropaje, pero le averiguaban constantemente si respiraba bien.

Estas pieles, con el pelo para adentro y blanqueadas con cal las exteriores, le colgaban hasta los pies, y por encima de todo sujetaron un envoltorio que semejaba un pez corto y macizo, con algo como una faz humana pintada en el frente. El informe engendro fué luego conducido clandestinamente hasta un matorral a unas ochenta yardas del "hain", donde alguien organizó el estruendo antes referido.

Mujeres y niños emergieron entonces del campamento en grupo excitado, y las más audaces se llegaron hasta mitad del camino al "hain", para observar mejor.

La pobre Halpen no veía absolutamente nada, y con el peso de su ropaje apenas podía caminar, pero detrás de la voluminosa figura, bien oculto a la vista de las mujeres, Tinininsk la dirigía, gobernándola con las manos y guiando sus pasos.  Así consiguió llevarla hasta el grupo de hombres que esperaban junto al "hain".

Todo esto, en letra de molde y leído entre las comodidades de la civilización, resulta muy pueril; pero entre aquella excitación supersticiosa, el avance lento de Halpen, con pausas ocasionales cuando la cara enfrentaba a las mujeres (cosa fácil para Tininisk, debido a la forma de la cabeza), resultaba una aparición realmente amenazadora, muy concordante con su siniestra fama.

Se cuenta que "Halpen" se apoderó algunas veces de seres humanos u otros, y que poco después algunos de los huesos caían del cielo, perfectamente mondados.  Se dice también que, si quiere, puede moverse con rapidez.

En cierta ocasión en que debía aparecer "Halahachish" (también conocido por Hachai), se eligió a Talimeoat para representarlo, pues se sabía que lo haría bien.

Lo cubrieron todo con dibujos blancos y rojos, predominando el blanco; y se aplicó una buena cantidad de plumón gris.  Sujetáronle en la frente, con relleno, un arco pequeño, y por último le cubrieron la cabeza con una máscara blanquecina, con orificios ribeteados de rojo para los ojos, dándole el aspecto de una vaca ñata.

"Hachai" surgió de los matorrales a alguna distancia del "hain", haciendo movimientos amenazadores con los cuernos, y cortas arremetidas hacia las mujeres, que como de costumbre se habían agrupado frente al campamento.  Estas mostraron mucha alarma, acudiendo algunos hombres a protegerlas, pero en seguida dispararon hacia el campamento, donde se echaron al suelo de bruces cubriéndose la cabeza con el vestido.

Luego que Hachai hubo atravesado el campamento, rodeado de bastante cerca por algunos hombres, (probablemente para evitar que las mujeres pudieran espiarlo desde corta distancia), se volvió con muchos de ellos al "hain", y cuando estuvo suficientemente lejos avisaron a las mujeres para que pudieran asomarse a verlo otra vez antes de desaparecer.

Ahora bien, en la Tierra del Fuego no hay animal indígena con cuernos; y sin embargo un cazador de vacas salvajes hubiera admirado la pantomima de Talimeoat; las cortas arremetidas, los movimientos amenazadores de cabeza acampañados de resoplido, y los amagos con uno u otro cuerno; la imitación era perfecta; y sin embargo Talimeoat era un anciano que acaso nunca viera una vaca doméstica, y el rol que desempeñaba era viejo como una leyenda.  Hachai significa "roca cubierta de liquen".

Pero el único visitante infaltable del "hain" es "Short", que viene "de las rocas", y cuyo ,único ropaje es un trozo de piel blanquecina, como pergamino, que le cubre cara y cabeza y se anuda detrás.  Esta piel tiene agujeros para ojos y boca, y está doblada de modo a formar como Una nariz larga y monstruosa apuntada hacia abajo.

Dicen que hay muchos "Shorts", y que a veces se ve a más de uno a la vez, variando mucho en forma y pintado; un brazo largo y la pierna opuesta pueden ser blancos, por ejemplo, o pintarse manchas o rayas rojas o blancas, con algo de plumón gris, y así se le supone parecido a las rocas de que procede.

Puede encontrársela lejos del "hain", y las mujeres en busca de leña o bayas vuelven a veces asustadas con la noticia de haberlo visto; considérenlo muy peligroso y propenso a darles muerte.

En ocasiones de mataba un guanaco a leguas de distancia del campamento, y la carne se colgaba de un árbol, fuera del alcance de los zorros; o, a falta de árboles, se sumergía con el mismo objeto en algún estanque o arroyo.

Luego se les decía a los "kloktn" o neófitos dónde estaba la carne, y se les enviaba a buscarla, debiendo traer un trozo de peso igual por lo menos al propio; pero no les era permitido ir por el camino más corto o más fácil, sino que debían casi siempre dar, así de ¡da como de vuelta, largo rodeo por ciertas colinas o lagos.  Alguien se encargaba, sin dejarse ver, de vigilar que se cumplieran las instrucciones.

Los muchachos creen implícitamente en estos seres sobrenaturales, pues están acostumbrados a verlos desde la infancia, junto con las mujeres cuando éstas huían despavoridas al acercarse "Short" u otro cualquiera.

Llevaban arcos y flechas, que usaban diestramente, y estaban ya entrenados a viajar solos o en pareja, durante semanas, procurándose el sustento, como pudieran.  Con toda esta independencia, sin embargo, como ¡supieran que aquellos seres misteriosos andaban por las inmediaciones, vacilaban mucho antes de emprender una de sus excursiones.

Sabían que los espíritus eran invulnerables a sus armas, y que por lo tanto éstas de nada les servirían en el caso.  Por el contrario, los espíritus se enfurecerían y les darían la muerte.  En cambio, eran incapaces, por lo menos Short, de treparse a los árboles.

Dicen, que cierta vez un "klokn" aterrorizado disparó su flecha contra un "short" y lo mató, siendo muerto a su vez al volver al hain; pero esto no se les podía referir a los muchachos como advertencia, puesto que contradecía la supuesta invulnerabilidad de "Short".

A veces los muchachos, en su excursión en busca de carne, encontraban al "Short" y lograban eludir su vigilancia y proseguir camino una vez pasado el peligro.  Otras veces aquél se las abalanzaba desde un matorral, con lo que no paraban, en fuga enloquecida, hasta el campamento o el "hain". 0 apremiados por "Short" trataban de refugiarse en las ramas de un árbol, en cuya proximidad rondaría luego "Short" arrojándoles uno que otro palo o pedrada hasta irse al parecer satisfecho. . ., a escuchar en el día, de boca de sus víctimas, la descripción del susto que les había proporcionado.

Recuerdo una ocasión en que "Short" se había aparecido entre los hombres y se dirigía con ellos al campamento; después del consabido pánico las mujeres yacían de bruces, la cara al suelo y cubierta con el primer trapo a mano, escondiendo también a los niños. . "Short", según costumbre, se movía de un lado a otro, como en busca de algo; recogía del suelo cualquier objeto, una brizna, por ejemplo, corría con ella un momento, la dejaba cuidadosamente en el suelo, atropellaba para otro lado, en busca de cualquier otra cosa; y para variar sacudía violentamente alguno de los abrigos de cuero a manera de carpa.  Si se encolerizaba y parecía querer arrancarlo, los hombres se apresuraban a desatar los nudos, dejándole arrastrarlo hasta cierta distancia, para abandonarlo luego por cualquier otra cosa.

En esta ocasión "Short", con resoplido furioso, levantó inesperadamente un palo y lo arrojó con fuerza y puntería contra una de las mujeres.  Creyendo tuviera algún resentimiento con aquella mujer, pregunté luego que estuvimos de vuelta al "hain", por qué había hecho eso.  Dijo que porque no se tapaba bien la cabeza y posiblemente estuviera espiando.  El marido, hombre grandote, no se ofendió en lo más mínimo, siendo así que en cualquier otra ocasión hubiera peligrado la vida del ofensor.

Cierta tarde uno de los aprendices fué admitido finalmente al "hain", y le dijeron que esperaban a "Short"; que tuviera valor y no le pasaría nada.  De pronto se aparece en efecto "Short" en la entrada, dedica toda su atención al novicio, mientras avanza hacia el, alternando pausas y cortas arremetidas.

"Kloktn" tiembla violentamente de pies a cabeza, y hubiera disparado sin duda a no impedírselo padre y amigos, palmeándole el hombro y animándolo de palabra.  "Short", por fin, está frente al espantado "kloktn", resoplando amasándole a ratos con las manos, con lo que el muchacho se encoge para atrás.  Como estos espíritus no hablan, los únicos sonidos producidos por "Short" son resoplidos y gruñidos de rabia.

Al fin el "kloktn es empujado contra "Short", y lo anima a luchar bravamente.  "Short" se arrodilla sobre una o ambas piernas, y ambos se entrelazan en medio de las risas de los asistentes, que excitan al muchacho y se -ocupan en apartar del fuego a los luchadores.

En esta pelea "Short" siempre deja ganar a kloktn, quien, al comprobar repentinamente la identidad de su enemigo, lo ataca a veces en serio, hasta obligar a separarlos, todo en medio de gran jarana, de la que concluye por participar la víctima.

En lo posible se elige para hacer el papel de "Short" a un pariente del "kloktn", quien en lo sucesivo tendrá gran parte en su educación, pues el "kloktn" continúa por uno o más años en tal estado aun después de haber descubierto el "gran secreto".

Durante este período de prueba se le supone no comer prácticamente más que carne inferior, estándole prohibidos médulas, sesos, hachuras y otras golosinas; debe mostrarse pensativo y relativamente silencioso, escuchando con recogimiento la sabiduría de sus mayores; ser obediente e industrioso en el acarreo de carne o leña; (dicen que a uno remiso o indócil le cortaron los tendones de la rodilla, obligándole a gatear para toda la vida).  Debe abandonar los juegos infantiles; ser correcto y serio con las mujeres.  Solo, o en compañía de otro, emprenderá largas excursiones - casi se podrían- llamar exploraciones - en las que viven de la caza, a menos de ayunar.

En el "hain" se les vigila de cerca, y se supone que fuera de el siguen observando rigurosamente las reglas de dieta.

Una tarde desapasible de otoño dos o tres onas y yo, habíamos andado de excursión hasta muy tarde, y nos acercábamos a un grupo de árboles propicio donde pensábamos pernoctar, cuando alguien divisó entre la bruma el tinte azulado que delata un pequeño fuego; avanzamos entonces cautelosamente, encontrando un fueguito, y después de examinarlo atentamente dictaminaron que habían estado allí dos "kloktn con intención de pasar la noche, pero que habían disparado al vernos - como era correcto lo hicieran.

La enseñanza impartida a estos muchachos era muy juiciosa, y se les daba siempre las razones del "por qué" debían hacer tal o cual cosa. He aquí algunos ejemplos:

El hombre no debe ser glotón, porque se pondría corpulento y perezoso, no podría ya ser buen cazador, y "sus mujeres tendrían que alimentarlo a pescado".  Por igual razón la mujer debe ser gruesa, demostrando así que su marido es gran cazador.

No debe jugar o ser frívolo con las mujeres de la propia tribu, para no excitar los celos de los hombres, ni con sus parientas, para a que no se diga de él - imputación altamente injuriosa, - que "quiere casarse con sus hermanas".

Para evitar ambos peligros es bueno elegir mujer de sitio alejado; lo cual tiene también la ventaja de que ella, no teniendo parientes que tomen su partido en caso de disputa, está así más sometida al marido.

El mejor de los consejos me parecía ser el siguiente: Sé generoso con los ancianos; cuando tú lo seas y no puedas ya cazar, acaso algún joven te traiga carne.

El que escribe ha visto una sola vez a "Halpen", una a "Hachai" (o Halahachish) ; en cambio ha visto a "Short" varias veces; cualquiera que se anime a asumir alguna molestia puede representar a la primera; "Short" tampoco es difícil, y muchos de los indios representan ese papel; pero sólo unos pocos hacen bien el de "Hachai" y hay otros muchos que rara vez se ven.  "Tanu," hermana de "Halpen," es roja como la arcilla de pintura "Ahkel," de la cual procede; es cruel y maligna, pero muy contados de los onas que conozco la han visto nunca.  "Cmantah" proviene de la haya, a la cual retorna; su vestimenta es de corteza de haya.  "Kterrnen", hijo de "Short", es pequeño y benévolo para con las mujeres, que pueden hasta mirarlo de cerca.

Miembro importante de este grupo de seres es el "doctor Olimink.  Se ve muy raras veces; es bajo, amable y de subido color; lleva máscara y aparece cuando quiere curar heridas, pero nunca para enfermedades.

Estando todo preparado, un ona se hiere, generalmente en el pecho, y se embadurna abundantemente con sangre; lo llevan luego al campamento, moribundo al parecer.  El curandero y demás hombres hacen todo lo posible, pero pronto los lamentos de parientes y amigos muestran que el caso es desesperado.  Los parientes llegan a veces a herirse ellos mismos con- piedras afiladas, o trozos de vidrio, y aún a romper y quemar arco y flechas del moribundo, - que ha tenido probablemente la precaución de seleccionar antes los mejores para guardarlos en el "hain".

De pronto alguien sugiere: ¿Si consiguiéramos que viniera "Olimink?  Se acepta con avidez la idea, y otros corren al "hain," donde se arma regular batahola, hasta que los emisarios vuelven triunfantes trayéndose a "Olimink.

El herido, lejos de hacerse el estoico, parece estar ahora en los últimos estertores; las mujeres que lo rodean durante la ausencia de los hombres se alejan mientras el curandero y demás hombres hacen sitio al importante homúnculo recién venido, que con mucho aspaviento chupa la herida, . . . y extrae de ella una punta de flecha, clavada al parecer profundamente en el cuerpo del herido.  Y toda la compañía se encontrará pronto en estado de volver a la "logia", a disfrutar de la satisfacción de su habilidad en la "perfomance".

Desde que los blancos invadieron sus tierras y se establecieron allí hace unos cincuenta años, los onas se vieron obligados a invadir los campos de caza de otras tribus, las que a veces tuvieron que evacuar esos sitios.

Como consecuencia hubo más celos y peleas que antes, con el resultado de que cada vez se volvieron más impracticables las grandes reuniones amigables, y hubo que abandonar las representaciones más complicadas.  Cuando se sabía que un grupo muy pequeño y aislado había realizado una de estas pantomimas, lo criticaban severamente, por el riesgo de develar el secreto.

Hay otro ente fantástico, de orden distinto en realidad de los anteriores, pues nada tiene que ver con la "logia", y no manifiesta preferencia por los hombres, que afectan temerlo tanto, o casi, como las mujeres.

"Hashi": color chocolate de madera podrida por la humedad, surge de entre árboles muertos y caídos; generalmente se le oye en proximidad de bosques quemados hace mucho.  Tosco, glotón, invulnerable a las flechas, increíblemente fuerte, vaga de noche a través de los bosques, gritando de vez en cuando "cooh hood" (probable imitación del chillido de la temida lechuza "cauch".)

Al acercarse estos gritos a un campamento se produce gran excitación, y todos se preparan para una disparada general en caso de aparecerse "Hashi".

Es espíritu maligno; todo lo tironea; arrastra por el suelo y entrevero objetos sueltos, trastos y mantos que saca de los reparos; echa abajo las carpas; vacía en el fuego los pellejos de agua; y si encuentra cabezas de guanaco las abre (con los dientes, según dicen), y les come crudos los sesos, a los que es muy aficionado.

Algún valiente que ha espiado avisa a los refugiados, en caso de que el alejamiento de los gritos de "Hashi" no les haya advertido ya de su partida, y entonces ellos vuelven para aclarar las cosas y ponerlo todo en orden.

Jamás he visto a "Hashi", pero más de una vez oí sus gritos, y fui testigo de los preparativos para una rápida fuga.  Al cazador maligno que no piense volver en unos días, le es muy fácil pasar de noche a unos cientos de yardas del campamento y lanzar los gritos consabidos, causando así un rumor de alarma sin necesidad siquiera de molestarse con disfraz o pintura.

Aparte su firme creencia en la brujería los onas creían en un espíritu, una sombra, casi tan intangible como un pensamiento; una especie de Proteo; a quien llaman "Mehn".  Mehn puede advertir de antemano a un hombre del peligro o de una calamidad inminente, o bien alejarlo de ellos, demostrando así inclinación benévola.  Pero, por otra parte, "Mehn", con sus zorros, puede extraviar al perro de caza, o avisar al guanaco de la aproximación del cazador.

"Mehn" puede ir como a la deriva a través del bosque, tan liviano como el hilo más fino de humo, o como la leve sombra que se ve en día sin sol, como un escalofrío que se siente sin verlo.  Es posible que muchos hombres civilizados hayan presentido su presencia (especialmente estando solos o cazando), pero no lo habrán mencionado por temor de ser motivo de burla.

Cuando muere alguien, su "Mehn" desaparece, pero nadie se preocupa de averiguar dónde, así como tampoco averiguan que se hizo de su último suspiro.

"Yosi" es espíritu más material; se asemeja al hombre, y tiene mujer y pequeñuelos en casa. Es transparente, y puede o no dejar rastro de su paso cuando anda por sobre la nieve más blanda; corta y junta briznas y leña para un fuego que nunca puede encender.  Se aparece con especial frecuencia al cazador solitario que pasa la noche junto al fuego, y que al despertarse sobresaltado para reavivarlo puede encontrarse con, que "Yosi" está sentado a su frente después de haber removido el fuego con el largo dedo mayor de la mano, como el de "Halpen".  "Yosi" puede flotar y desaparecer, o quedarse mucho tiempo junto al espantado huésped.  Se citan casos de vagabundos solitarios que fueron encontrados muertos y mutilados, evidentemente por "Yosi".

Por alguna razón desconocida su número ha decrecido grandemente en algunas generaciones, y hoy se les encuentra raramente, salvo en los lugares más miserables y casi impenetrables.

En cierta ocasión íbamos tres viajando livianos, y habíamos acampado sobre la  alfombra formada por las copas de los árboles, cuando el crujido de ramitas en el aire helado convenció a mis acompañantes de que "Yosi" andaba por ahí.  Parecieron muy nerviosos, y cuando irreflexivamente me burle e sus supersticiones, uno de ellos me reprendió diciendo que "si yo estuviera solo y me encontrara con "Yosi" sentado al otro lado del fuego, no sería tan bravucón".

NOTAS

(1) Fitz Roy narra el encuentro de un "wigwan" muy grande, al que sus marineros habían dado el nombre de "casa del Parlamento.  La "Mission Scientifique du Cap Horn", hablando de los yaganes, también menciona estos "wigwams" para hombre. (T. Callet-Bois).
(2) Frase del libro "Alice in Wonderland". (T.C.B.).

La Argentina Austral, Año VII, N° 73 - 1° de Julio de 1935. Pág. 33

 


volver a la biblioteca virtual
volver a la página principal