Por Raúl Martínez Crovetto*

JUEGOS DEPORTIVOS

Para los ona, los deportes constituyeron el principal entretenimiento de jóvenes y adultos. Ellos contribuyeron a su desarrollo físico y a su agilidad, que tan llamativos resultaron para aquellos quienes, a fines del siglo pasado, tuvieron ocasión de conocerlos.  "Ambos sexos son fuertes, ágiles, resistentes, infatigables, sobrios, demostrando en todos los ejercicios corporales la excelencia de sus cualidades" (Gallardo 1910: 110).  "No se puede menos que admirar la velocidad, la gracia y la ligereza de sus movimientos" (Spegazzini 1882: 176).

Es evidente que ellos, tan amantes de la belleza corporal como lo indican diversas fuentes históricas, prefirieron este tipo de juego a cualquier otro y, excluida la natación, dominaron la lucha corporal, la carrera, el tiro al blanco con arco y flecha, etc..

LAS CARRERAS PEDESTRES

"Las diversiones que tienen son más viriles que las de los yaganes; las cuales consisten en carreras a larga distancia subiendo la pendiente de una montaña casi hasta la cumbre y volviendo al campamento en un tiempo fijado" (Dabbene 1904:72).  Estos son, cronológicamente hablando, los primeros datos de que se dispone de este deporte, en relación a los ona.

No obstante, la velocidad y resistencia de los ona ya había llamado la atención a algunos exploradores.  Dice al respecto Serrano Montaner (1880: 166), luego de haber recibido una visita de los indígenas: "Momentos después (de haberse retirado éstos) subí a una pequeña eminencia para ver la dirección que habían tomado los salvajes i quedé sorprendido de la rapidez con que se habían alejado y del aguante de su carrera.  Estaban ya a dos millas de distancia, habiendo atravesado una vega i subido a dos cerros, siempre al trote, continuando con el mismo vigor".

Más completas son las informaciones que suministra Gallardo (1910: 347-348) :"Son las carreras muy interesantes, porque ponen de manifiesto la resistencia y velocidad del salvaje.  Se corren entre dos o más individuos siendo las carreras de largas distancias efectuadas por casi todos los hombres hábiles de la tribu.  En ocasiones tratan de dar la vuelta a una laguna cuya circunferencia mide diez mil o más metros y en las grandes pruebas de resistencia toman como campo de acción un cerro o montaña que tiene, a veces, una altura enorme; entonces la carrera es de ida hasta la cumbre y vuelta, en el deseo de compensar así las facultades de los campeones.  En estas carreras salen al trote y van aumentando paulatinamente la velocidad.  En el acto de partir dejan caer la capa y quedan desnudos sin más adorno que el goulchelg (1) y una pulsera de plumas atada al brazo, entre el hombro y el codo".

La última parte del testimonio anterior, es confirmada por Coiazzi (1 914:57): "En los desafíos a la carrera dejan completamente todo vestido y se atan al brazo izquierdo un manojo de plumas de pájaro, persuadidos con esto de adquirir mayor velocidad".  Lo mismo, casi textualmente, es repetido por Borgatello (1924: 59) y Guevara (1927: 403).

Beauvoir (1915: 204) dice: "Juegan también..... a la Carrera, ésta en largas distancias; por esto los Ona son tal vez los primeros andarines, no de América, tan solo, sino del Mundo.  Algunos de nuestros Neófitos de la Misión, tanto hombres como mujeres, tan pronto se encontraban en la Misión, en Río Grande, como al día siguiente en el Estrecho de Magallanes, o en el Canal de Beagle, o bien en la costa de la Bahía Inútil, recorriendo en poco tiempo muchas decenas de millas".

Las siguientes observaciones, debidas a Lucas Bridges complementan los aportes anteriores: "Cuando dos grandes compañías de ona, en excelentes términos de amistad, establecen contacto entre sí, a menudo corren una carrera de dos a seis millas de distancia.  Todos los hombres, entre 10 y 40 años, participan en ella, salvo los que están enfermos o de duelo.  No tienen ningún premio, y aún el último, prosigue corriendo hasta el final de la carrera".(Ex Gusinde 1931: 1137).

Tonelli (1926: 129) dice: "Los ona gustan desafiarse a la carrera.  Para correr abandonan la piel de guanaco que los cubre, y creen ser más veloces si se atan un macito de plumas de pájaro al brazo izquierdo".

Por su parte, Lothrop (1928: 91) asevera: "Las carreras de a pie eran otro de sus deportes.  A veces los corredores debían rodear un lago.  Más a menudo dos grupos debían partir de lados opuestos y correr hasta encontrarse en un punto estimado como centro".

"Más que la lucha y otras diversiones -comenta Gusinde (1931: 1 1 36-1137)- les agradaba correr, lo que ellos llaman Káiyik (correr a quien más).  Si se encuentran varias familias reunidas, el lugar es apropiado y la carrera es para divertirse, rápidamente se deciden a ello, invitándose mutuamente.  Los hombres, generalmente jóvenes, en condiciones de competir, colócanse en fila uno al lado del otro.  Un hombre mayor da la señal de partida por medio de un grito.  Todos parten al mismo tiempo en línea recta tratando de alcanzar al hombre que está al otro extremo del campo.  Los espectadores también los acompañan, para apreciar más de cerca las cualidades de cada uno.  Los participantes corren desnudos y descalzos.  En la llegada descansan un rato, mientras se comenta la participación de cada uno, y luego se repite la carrera en sentido inverso.  Cualquier hombre puede participar.  A veces los mejores corredores miden en forma separada sus aptitudes.  Para esta carrera se eligen praderas de por lo menos 300 metros de largo".

Además de un simple deporte o diversión, las carreras pedestres servían para dirimir cuestiones enojosas.  Gusinde (1931: 1137-1138) anota al respecto: "Para solucionar rivalidades, celos e injusticias, un grupo desafía a otro contrario.  Ahora está en juego el honor de toda una familia, por lo tanto, desde el comienzo ponen cuidado para obtener un buen resultado.  Con gran excitación se acercan ambos grupos o uno sorprende al otro.  Sería deshonroso que uno eludiera el desafío.  Se elige un pradera apropiada.  Los corredores se ubican entre ambos extremos de la pradera; en el centro, a una distancia de unos 250 metros cada grupo, se marca el límite definitorio mediante un objeto; aquí se ubican dos hombres de cierta edad, pertenecientes uno a cada grupo.  Ambos toman como referencia dicha línea y dan simultáneamente la señal de partida golpeando un trozo de cuero enrollado contra el suelo.  Previamente se han elegido en cada grupo los mejores corredores, los que se ubican en una fila, uno al lado del otro.  Cuando se da la señal, se enfrentan corriendo a gran velocidad, tratando cada cual de alcanzar primero la línea demarcatoria.  Ambos ancianos ponen mucha atención en los primeros que van llegando, quienes sobrepasan la línea merced al impulso que traen y se ubican luego al costado de la pista.  Mientras tanto van arribando los rezagados y comentan entre sí los resultados.  Varias veces se repite la misma carrera, siempre desde el primitivo lugar de partida hacia la línea demarcatoria en el centro, hasta que el cansancio de los participantes exige la finalización de la prueba.  Según el resultado de esta puja, cada grupo se aleja o muy disgustado o con sentimiento de orgullo.  Aquellos que se llevan el triunfo son admirados por los que los rodean, lo cual aumenta aún más su satisfacción.  Tales eventos públicos incitan a los muchachos a perfeccionarse de continuo en la carrera".

Gusinde concluye diciendo: "Los corredores, según circunstancias, se colocan alrededor del pecho o de uno de los brazos, un aro de plumas, ownh.  A veces se atan un simple manojo de plumas en el brazo.  Esto sirve exclusivamente de adorno ya que son más los jóvenes hautp'an los que quieren brillar por sus proezas".  En llamada al pie de página sostiene que es inexacto lo que dice Coiazzi, acerca de este adorno, en especial porque no tiene ninguna motivación supersticiosa.

No obstante, Bridges (1952: 378) sostiene: "Me han asegurado que cuando los ona disfrutaban sus largas carreras de leguas (no he presenciado ninguna de ellas), algunos de los más veloces corredores........ usaban este adminículo, cinco o seis plumas de golondrina sujetas con un nervio  y atadas a uno de los antebrazos, como talismán para aumentar en velocidad y resistencia".

Según Angela Loij, el deporte de la carreta se llamaba káiken.  Para llevarla a cabo, procedían a trazar una línea o raya de llegada en el suelo, generalmente a gran distancia, conocida como harrn(e) lárrien.  Corrían varios participantes de sexo masculino, desprovistos de ropa, tratando de llegar primeros.  Los que antes arribaban se detenían sobre la raya aguardando a los restantes.  No se establecían premios.

Conclusiones:   De lo expuesto se deduce que las carreras pedestres eran el ejercicio preferido de los ona.  Existían dos tipos: las de velocidad pura y las de resistencia, a largas distancias, que generalmente consistían en trepar hasta la cumbre vecina y regreso o correr alrededor de un lago.  Para el primer tipo, marcaban una meta o línea de llegada y todos partían de un mismo lugar o bien los contendientes se ubicaban a ambos extremos de la pista y debían alcanzar un punto central estimado como equidistante de aquellos.  Cualquiera fuera la forma de practicarlas, no había premios establecidos, pues la reputación que obtenían los vencedores era un motivo más que suficiente para dedicarle el máximo empeño.  Además, había carreras para exteriorizar la alegría del encuentro entre dos grupos de amigos en las que participaban todos los presentes.  Por otra parte, este deporte, exclusivo de los hombres, se usaba en ocasiones para dirimir cuestiones enojosas.

LA LUCHA CUERPO A CUERPO

El deporte de la lucha era el segundo en importancia para los ona y de los textos que se citan a continuación se deduce que dedicaban buena parte de su tiempo en entrenarse para ella.

Dabbene (1904: 72) dice:"Las luchas también están en uso entre estos salvajes, para las cuales suelen pintarse de rojo y mientras que con la mano izquierda uno de ellos sujeta fuertemente la derecha del adversario, buscan respectivamente con la otra de arrojarse al suelo asiéndose del zobaco".

Por su parte, Gallardo (1910: 345: 346) informa: "Las luchas son consideradas como diversiones si bien algunas veces sirven para desahogar pasiones nacidas a causa de simples enemistades.  Cuando llega a presentarse el caso de luchas realizadas por cuestiones de esta última naturaleza es cuando se ven los torneos más emocionantes, porque es entonces que ambos adversarios hacen todos los esfuerzos posibles, poniendo a contribución el poder de sus músculos y su habilidad para poder infligir al contrario la derrota, es decir, un castigo.  Pero las luchas de naturaleza de duelo, se realizan, lo repetimos, excepcionalmente, siendo las más comunes aquellas que tienen por objeto exteriorizar las fuerzas y la habilidad con el solo fin de divertirse.  La única recompensa que reciben los vencedores es la satisfacción propia, que llena de alegría al vencedor, pues sabe que ese día todos hablarán de su triunfo y que aumentará la estima y la consideración con que se le distingue.  Es vanidoso y por lo tanto le gusta que lo admiren.  Las luchas son presenciadas por las mujeres, que no exteriorizan en forma alguna su aplauso o su desaprobación.  La nobleza del carácter ona se manifiesta en las luchas, donde se les ve aplaudir un buen golpe con la palabra mirrei(m) que quiere decir; bien hecho; y este aplauso lo mismo lo disciernen al amigo que al extraño y aún al enemigo.  Pero si hay motivo para desaprobación, si es el enemigo o el extraño el pasivo de ella, se callará la boca; pero si es amigo, le dirá mirr shou(n) es decir: mal hecho.  Las luchas que tienen lugar entre dos bandos se llaman huihique shuaken.  Huihique significa: dos juntos, y shuaken lastimarse.  En estas lidias no se golpean con los puños, pero sí se dan de cabezadas.  Cuando un indio se considera más fuerte que otro hace alarde de su superioridad levantando los brazos para dar a su adversario la ventaja de que lo tome debajo de ellos, lo cual es considerado más bien fanfarronería.  Esto también lo hace cuando lucha con un amigo y entonces la acción se considera como un simple deseo de igualar fuerzas.  La lucha entre miembros de una misma compañía, en la que solo se trata de ensayar la fuerza y la habilidad de los hombres que la forman se llama huihíque shen y en ella no se lastiman.  Shen quiere decir agarrarse".

Coiazzi (1914: 57-59) describe la lucha cuerpo a cuerpo de modo más detallado: "El desafío de pugilato lo hacen de la manera siguiente: Dos tribus que se miran de reojo, en un día determinado se reúnen en un lugar fijo.  Los hombres visten sus mejores capas, muestran el cuerpo pintado de encarnado y blanco, y llevan en la cabeza una especie de ínfula hecha con pieles de guanaco.  Ellos se colocan en circunferencia dentro de otra circunferencia más grande formada por las mujeres que quedan como simples expectadoras.  Entonces (más o menos como los héroes de Homero), siempre sentados, empiezan a recordar los hechos pasados y los entuertos que se han hecho recíprocamente las dos tribus.  El principio de la conversación es calmo, pero poco a poco los contendientes van acalorándose y alzando la voz, de modo que concluyen por insultarse con las más violentas injurias y los más feroces vituperios en medio de una gritería infernal.  Llegado a este punto, uno de una parte se levanta, deja la capa de guanaco y hace el desafío extendiendo hacia adelante el brazo izquierdo, del lado contrario se levanta otro que se pone delante del primero y le coloca el brazo derecho sobre el brazo izquierdo (Fig.I). Esta es la señal del duelo.  Se abrazan (Fig. II) procurando cada uno poner los brazos debajo de los del otro, porque así es más fácil levantar al adversario (Fig.  III) y echarlo al suelo al primer golpe.  La lucha sigue hasta que uno cae a tierra: entonces el caído puede volver a empezar la lucha con el mismo o cede su lugar a su compañero.  Este, sin embargo, debe medirse no con un adversario fresco, sino con el vencedor ya cansado de la lucha, a no ser que un colega listamente no venga a interponerse entre él y el nuevo adversario.  La lucha sigue así por espacio de cinco, seis o más horas, hasta que todos estén bien cansados y una tribu se dé por vencida.  Finalmente, es de rúbrica para la tribu desafiada, desafiar a su vez a la tribu adversaria, de modo que una lucha es seguida de -otra a un breve intervalo.  Los ona toman con mucho empeño sus luchas entre tribu y tribu y queda muy honrado el que se distingue en ellas.  Las peripecias de la lucha y el valor de cada uno es el tema general de todas las conversaciones en los toldos".

En lo que se refiere a la lucha puramente deportiva, el mencionado autor (p. 59) dice: "Muy semejante es la lucha entre dos personas solas.  Cuando un indio quiere saber si un amigo o adversario suyo es tan fuerte como él, va a buscarlo, y sin cumplidos, le dice: ¿Quieres luchar conmigo para ver si puedes tanto como yo?.  Naturalmente el otro acepta y en seguida van a buscar un campo sin piedras, ni troncos ni matas.  Habiendo encontrado uno a gusto de los dos y de los testigos, el primero que desafió extiende el brazo horizontalmente y dice- -¡Bueno!  Luchemos para ver si puedes tirarme al suelo.  El provocado se acerca en seguida y lo coge de una mano, tentando abrazarlo por los sobacos lo cual debe el otro permitir, hasta que se le dice: -¡Ahora!; con esto empieza la lucha del modo ordinario, sirviéndose de todas las tretas para vencer".

Beauvoir (1915: 204) sólo hace mención del "pugilato" y sostiene que "luchar a brazos" se dice vuixen (p. 71).


Fig. I Posiciones para la lucha

Fig II Posiciones para la lucha

Fig. III Posiciones para la lucha

Guevara (1927: 402) escribió: "Les apasionaban las peleas corporales; cuando luchaban de contrincantes, se tomaban del cuerpo de acuerdo con reglas establecidas y trataban de voltearse al suelo uno al otro.  Estas luchas se verificaban en presencia de testigos".

De Agostini (1924: 289), que ilustra este deporte con una fotografía asevera que: "La lucha se celebra siempre con gran solemnidad e interés, asistiendo las mujeres sentadas en semicírculo alrededor de los luchadores.  Esta ocurre entre los hombres más fuertes y robustos de dos tribus distantes, o sea entre dos individuos solos, para hacer notoria la superioridad de las propias fuerzas".

De acuerdo con Lothrop (1928: 88-90): "Aunque la lucha era un deporte que se podía practicar entre amigos, también era una opción a la guerra y se recurría a ella cuando la parte atacada no estaba en condiciones de devolver la agresión.  Mientras que las guerras eran conducidas con poca organización y ninguna formalidad, los encuentros de lucha tenían lugar con toda la minuciosidad de un duelo dieciochesco.

  Un reto formal iniciaba la prueba.  Este era usualmente llevado a cabo por una anciana, una pariente de ambos bandos si así fuera posible y bien anciana , para no ser deseada como cautiva.  A través de ella se fijaban el día y lugar.  En esos encuentros nunca había un acto de traición.  La guerra no estaba a la orden del día, por lo que ellos dejaban atrás todas sus armas.  Los primeros en arribar al sitio elegido eran retadores.  Cada uno llegaba, hombres, mujeres y niños y formaban un semicírculo con los primeros al frente.  Entonces venía la escuadrilla desafiada estableciendo un grupo similar enfrentando a los anteriores, pero dejando un espacio abierto de unas quince yardas entre ambos flancos.  Luego un anciano de los retadores arengaba a los oponentes, es decir, a los agresores que habían motivado la pelea.  Como la lengua ona es áspera, gutural y explosiva, cualquier controversia amigable suena como un violento altercado para oídos no acostumbrados, pero en esa ocasión, la voz se elevaba.  La escuadrilla desafiada, en un tono tranquilo, pero con solemne seriedad y muy detalladamente, decía lo que habían hecho y lo que los retadores pensaban de ellos.  Unos de éstos, parado en el espacio abierto, extendía su mano izquierda hacia un oponente, quien la tomaba con su derecha y le permitía así ser empujado al centro del círculo.  Allí se tomaban el uno al otro alrededor del cuerpo, cada uno con su brazo derecho debajo del izquierdo del otro y comenzaba la confrontación.  Al parecer, tenían pocas reglas.  Morder no era bien visto, siendo muy viril continuar erecto.  Alternaban puñetazos o apretones y los hombres se esforzaban a veces retorciéndose el cuello por la quijada hasta que uno de ellos caía.  Esto no significaba la victoria, pues ninguno se consideraba derrotado mientras deseaba y podía continuar la lucha.  Cuando un participante quedaba exhausto, otro de su círculo tomaba su lugar o, algunas veces, un oponente especial era seleccionado por sus partidarios.  Entonces continuaba la lucha, a veces por muchas horas, hasta que los retadores dejaran de presentarse.  Entonces ambos bandos se miraban con mala cara y decían palabras llenas de enojo, amenazándose con lo que cada uno iba a hacerle al otro cuando se encontraran.  Pero durante la lucha eran muy corteses y no hacían la apología directa de sus partidarios, sino más bien la de sus oponentes, diciendo palabras como: "Ud. debe ser una buena persona para comportarse tan bien con mi hermano".

Extensas son las referencias que suministra Gusinde (1931: 1134) y que, en cierto modo, permiten cubrir algunas falencias de las citas anteriores.  Dice este autor: "La lucha es muy popular y la presencia de luchadores de renombre en el grupo, les depara una satisfacción muy especial.  Con ésta se divierten los muchachos de todas las edades y los hombres jóvenes, quienes son impulsados por la ambición de sobresalir en este juego.  Se desarrolla la lucha según ciertas reglas, sólo luchan por parejas y hasta que uno de ellos es vencido.  Los brazos de ambos rodean la cintura del adversario, juntándose las manos con fuerza en la parte baja de la espalda.  Durante la lucha las manos se desplazan a veces hasta el cuello.  Para lograr mayor firmeza, separan algo las piernas e inclinan bastante el cuerpo hacia adelante., Cada luchador trata de alzar al adversario y derribarlo al suelo.  No se pueden hacer zancadillas.  Como cancha se elige un suelo blando, con preferencia cubierto de musgo.  Los que no participan forman un amplio círculo.  Los luchadores se despojan de sus ropas, de modo que puede apreciarse el juego de sus músculos.  Cuando el evento es más formal, por ejemplo si entre los rivales hay celos o cuestiones personales o representan al grupo del que forman parte, los contendientes se pintan el cuerpo con colorante rojo y la cara con tres puntos blancos.  Alrededor de los muslos se dibujan una raya blanca, la cual, según ellos dicen, les confiere firmeza y evita los resbalones".

Más adelante (p. 1135), agrega: "Es importante tener en cuenta las razones que motivan una lucha, pues de ellos depende el desarrollo que tendrá.  La lucha realizada con mayor frecuencia es llamada wiyekshéin, que se efectúa entre dos y con el fin de medir fuerzas.  Esto constituye un ejercicio y un evento deportivo, el cual, para los espectadores es un hermoso entretenimiento.  Amigos, vecinos, parientes, se invitan mutuamente a luchar cuando la ocasión es propicia.  Se trata en consecuencia de un pasatiempo y una forma de satisfacer la necesidad de movimiento y el amor propio.  La lucha nunca termina con rencores, a pesar de que ambos pelean con violencia y realizan grandes esfuerzos.  Aunque el más fuerte arroje a su contrario al suelo y éste dificultosamente pueda incorporarse, no está imposibilitado el vencido de eludir posteriores luchas, sino que debe levantarse y volver a desafiar a su vencedor, pues de otro modo pasaría por cobarde.  Un evento de este tipo es motivo de muchos comentarios, comparaciones y juicios diversos, aún largo tiempo después de su realización".

En lo que respecta a las luchas que realizaban motivados por ojerizas o disgustos, Gusinde (p. 1 135,: 1136) continúa diciendo: "Diametralmente opuesto del precedente, es el motivo que da lugar a una lucha entre dos grupos, y que recibe el nombre de at'áte.  Su desarrollo suele ser aún más serio, pues los bandos enemigos sólo se citan cuando los celos, la reparación de injusticias o la venganza lo exigen.  En estos casos la lucha es precedida por un desafío especial, pero ambos grupos se preparan instintivamente.  Cuando uno de ellos va al campamento del otro, éste no puede eludirlo y debe aceptar el reto.  Se forma entonces un círculo de espectadores, que generalmente dividido, alientan a sus respectivos luchadores.  Cuando todos están dispuestos, uno tras otro se dirigen hacía los del otro bando y buscan a un contrincante al cual creen poder vencer.  Comienzan entonces varias parejas a luchar, mientras que algunas más fuertes esperan a un lado.  Cuando uno ha vencido, descansa solo unos minutos, para enfrentar ahora a uno de los que aún no ha luchado.  En el centro del campo se traza una línea demarcatoria entre ambos grupos y se coloca en el suelo una flecha o cuchillo bien visible.  El ser empujado por sobre la línea al campo propio significa una derrota, la cual es completada al ser derribado al suelo.  Finalmente, y aunque un derrotado pueda medir sus fuerzas otra vez, queda un reducido número de representantes de un grupo en pie, los que son considerados vencedores.  Los derrotados, junto con sus compañeros, se sienten muy disgustados a causa de su honor lesionado, pero debido a su cansancio no intentarán desquite ese mismo día, sino que esperarán otra oportunidad.  Los espectadores se entusiasman durante la lucha y gritan merrém = ¡excelente! o merrsón = ¡malo! y aplauden con excitada violencia, y más de uno ha sufrido una fuerte caída que le ha provocado graves daños, incluso la muerte.  Luego de un corto descanso ambos grupos se despiden, uno con regocijo y otro con nuevos planes de venganza en el fondo del corazón.  Si es de opinión que la injusticia que provocó la lucha no ha sido reparada, se aguarda hasta otro momento propicio".

Un torneo de esta clase fue observado directamente por Bridges (1952:325-327), por lo cual su testimonio resulta muy valioso.  Dos grupos ona que se quejaban de muchas ofensas, resolvieron desafiarse para luchar: "Alrededor de las dos de la tarde del día señalado, en cuya mañana los participantes designados no comieron nada, los retadores salieron desarmados del matorral donde habían acampado, seguidos por  mujeres.  Según la costumbre, los que se proponían luchar vestían goöchilh ni   jamni (tocados de cabeza y mocasines)En estas ocasiones no se pintaban con dibujos finos, solo untabase el cuerpo con pintura  roja.  Halimink y sus partidarios estaban vigilándose mutuamente porque se arreglaron para llegar simultáneamente al sitio señalado, que era un vallecito cubierto de hierba, situado entre los dos campamentos. Los espectadores se alinearon en círculo alrededor de los campeones. Las mujeres, los niños, los ancianos y los enfermos, por el lado exterior, y los hombres aptos, que tarde o temprano intervendrían en la lucha, por dentro... La contienda empezó con discursos; con fiera e impetuosa oratoria los desafiadores exponían sus agravios en pocas y severas palabras pronunciadas con voz enronquecida por la emoción: no hacían como los yaganes que eran pendencieros pero no guerreros, y se abstenían de proferir amenazas; sólo expresaban su desdén en términos enérgicos cuando se referían a la traición de sus adversarios. El grupo de Halimimk contestó en forma apropiada; mutuamente se dirigieron  expresiones como: wash-win  y  wish-win (como zorros, como perros). De cuando en cuando, alguna esposa desolada o una matrona de voz aguda, hacían oír prolongados aullidos de dolor o gritos injuriosos. La lucha no fue iniciada, según la costumbre, por los retadores, sino por uno de los contrarios... Una vez comenzado el torneo, otros contendientes intervinieron y a menudo dos o tres parejas luchaban simultáneamente en la cancha... El retador, generalmente, agarraba con su mano derecha la izquierda de su adversario, que éste tenía extendida y luego ambos se abrazaban colocando el brazo izquierdo debajo del derecho del otro. Después de este ceremonioso preliminar ambos se trababan en una feroz lucha en las que estaban permitidas las zancadillas; cada uno buscaba la forma de aprovecharse mejor de su adversario. A pesar del aparente desorden, siempre se observaban en estos encuentros ciertas normas estrictas, no escritas. Ni en este ni en otros asaltos de los ona he visto que se golpearan en los ojos o en los oídos; si arrancado un mechón de pelo, en el acto se elevaba una voz de protesta entre la gente del ofendido.  He visto a un indio rodear con una mano la nuca de su adversario y asirlo fuertemente por la nariz con el propósito de torcerle el pescuezo; he visto también apretar el cuello con el puño o con la mano a fin de interrumpir la circulación, pero nunca he visto agarrar por el cuello o dar esos golpes bajos con la rodilla que pueden poner fuera de combate.  Un hombre podía herir al adversario con sus fuertes uñas al agarrarlo, pero se reprobaba rasguñar deliberadamente, por ser este recurso bélico privativo de las mujeres.  También estaba prohibido morder... Cuando un hombre salía de la cancha para recobrar el aliento podía ser desafiado inmediatamente por otro que ya había descansado; se consideraba con buena suerte si uno de los suyos se adelantaba a reemplazarlo.  Hasta aquellos que no podían tener ninguna probabilidad de vencer se lanzaban ferozmente a pelear, pues siempre convenía cansar al equipo contrario..... Los espectadores se quedaban silenciosos cuando sus favoritos daban un buen golpe, como si pensaran:  "era exactamente lo que yo esperaba"; en cambio los contrarios a veces exclamaban: Haik ni chohn (es un hombre), con lo cual querían decir que su campeón era fuerte y que el otro debía ser formidable para derribarlo.  Al finalizar la tarde, la hierba del lugar donde se había desarrollado la lucha tenía rastros de pintura roja y de sangre.  Ninguno de los dos grupos aceptaría la derrota, ni podía hacerlo; la lucha continuaba con algunas interrupciones hasta que uno por uno los guerreros se envolvían en sus capas y tranquilamente abandonaban el lugar.  Cuando no quedaba ninguno sin pelear, el desafío se consideraba terminado y se disolvía la reunión sin nuevo intercambio de insultos.... Exigía el ritual, siempre estrictamente reservado, que por mal que lo hubiera pasado un equipo, debía pedir otro encuentro con los primeros retadores .... Con el relato de esta lucha espero haber probado que estos llamados salvajes eran más caballerescos en el cumplimiento de las reglas de] juego que muchos hombres blancos que se consideraban deportistas".  El evento, tan claramente relatado por Bridges, acaeció al comienzo de este siglo.

Según el mismo autor (p. 328-331), la lucha podía, suscitarse únicamente entre dos contendientes que sintieran mutua ojeriza, sin que interviniera el resto de sus acompañantes.  Suministra así una extensa descripción de un combate que se vio obligado a sostener con el ona Chashkil con quien se habían producido algunas cuestiones de carácter personal, con lo cual quedaron zanjadas las dificultades en forma definitiva.

Consultada Angela Loij en relación con el tema, me informó que la lucha era exclusivamente masculina y que la que se hacía como deporte recibía el nombre de wiík shen.

Conclusiones: La lucha cuerpo a cuerpo era una diversión muy importante entre los hombres.  Se practicaba con el cuerpo desnudo, el cual, en el caso de eventos formales, se pintaba de rojo.  En razón de su interés y por afán de sobresalir, se preparaban desde jóvenes.  La forma de luchar era tomarse mutuamente del cuerpo y tratar de derribarse, siendo prohibidas las zancadillas y este procedimiento duraba hasta que uno se declaraba vencido.  Además se usaba cuando trataban de dirimir enojos o discusiones entre componentes de diferentes grupos o bandas; en este caso se luchaba también por parejas, aunque en forma más violenta, llegando los golpes, a veces, a provocar la muerte de un contendiente.

EL BOXEO

"Juegan también al pugilato y al Box..." sostiene Beauvoir (1915: 204).

Por su parte, Guevara (1927: 402-403) anota: "A veces el pugilato se verificaba entre dos familias resentidas.  En un sitio fijado de antemano se reunían dos pugilistas con sus mejores capas, pintado el cuerpo de blanco y rojo y adornada la cabeza con una banda de cuero de huanaco.  En otro círculo mayor y envolvente al de los hombres, se colocaban las mujeres como testigos del duelo.  Se iniciaba una conversación tranquila que se iba agriando gradualmente hasta convertirse en una gritería de injurias.  De repente sale un indio, bota la capa y desafía; otro del bando contrario salta al encuentro y la lucha se traba hasta que uno cae vencido.  Se renueva la pelea con otras parejas hasta que la victoria queda por uno de los bandos".

Es evidente que el término pugilato es usado por Beauvoir en el mismo sentido que lo emplea Coiazzi, o sea, como sinónimo de lucha cuerpo a cuerpo y a este deporte debe referirse el párrafo transcripto de Guevara.  Revisando los vocabularios de Beauvoir, no ha hallado ningún vocablo ' ona que signifique box o boxeo, ni tampoco otro autor, anterior o posterior que haga mención de este deporte.

Por otra parte, consultados los informantes ona al respecto, estuvieron contestes en afirmar que nunca vieron practicar tal juego entre sus paisanos.

Todo ello me induce a creer que dicho deporte, de bastante difusión entre otros grupos aborígenes (2), jamás estuvo entre los ona.

EL SALTO

"El salto casi no se encuentra entre sus diversiones, pero algunas veces lo efectúan en largo, a la distancia, y lo hacen bastante bien.  No saben saltar en alto, llegando su falta de habilidad en este sentido hasta el punto de que para pasar por sobre un obstáculo, que nosotros salvamos con facilidad saltando, apoyarán sobre él la mano". (Gallardo 1910: 348).

Al parecer este tipo de ejercicio no se usó en forma deportiva.  Según Angela Loij, a veces se divertían saltando hacia arriba en el mismo sitio repetidas veces, lo cual recibía el nombre de kelójen.  Además, cuando mataban a un enemigo, solían dar saltos para expresar su alegría; lo hacían con las piernas sueltas, golpeándose las nalgas con los talones, luego de haberse quitado el quillango y quedar totalmente desnudos para su mayor comodidad.  También saltaban las mujeres acompañando a los hombres.  Esta diversión se llamaba jáliten.

LOS JUEGOS CON ARCO Y FLECHA

a) El tiro a distancia: Sobre la extraordinaria habilidad que poseían los ona para disparar flechas a puntos lejanos, da testimonio Borgatello (1924: 54): "En una prueba que organizó el padre Del Turco con el fin de medir el alcance del tiro con arco, un indio disparó una flecha, sin viento a 230 metros, otra con viento en contra a 216 y en el tercer disparo llegó a 260".

Es evidente que tanta eficacia sólo podría haberse logrado mediante una intensa ejercitación previa y que como dicho tipo de tiro carecía de importancia, tanto en la caza como en la guerra, constituía una simple diversión.

Por su parte, Gusinde (1931: 1139) describe una contienda de tipo deportivo, basada en el tiro a larga distancia; "Una verdadera prueba de fuerza es el tiro a mucha distancia = anuká'j.  Para esto, varios hombres se ubican sobre un terreno abierto, formando fila y disparan casi simultáneamente sus flechas; uno la dirige más arriba, otro tensa más la cuerda.  Inmediatamente todos corren al lugar donde las flechas se han clavado.  Cada uno reconoce la propia por las plumas y se sabe así quién a alcanzado mayor distancia.  De la misma manera juegan los muchachos incitados por los mayores".

Según Angela Loij, este juego se llamaba kiánser.  Los hombres formaban una fila y cada uno tiraba su flecha buscando llegar lo más lejos posible, para lo cual apuntaban hacia arriba en forma oblicua.  Se utilizaba una flecha, llamada chár(m)we, desprovista de punta de vidrio.

Francisco Minquiol tuvo también ocasión de verlo practicar y según él, los contendientes efectuaban apuestas; entre ellos había algunos, grandes arqueros, que alcanzaban hasta 500 metros.  El juego se llamaba konésh k'áuser yekoá (literalmente, quien-pulsar cuerda-nosotros).

b) El tiro a un blanco fijo: Segers (1891: 76-77) informa: "Algunas veces suelen hacer ejercicios de tiro con sus flechas, en cuya arma consiguen destreza admirable.  Raras veces erran la puntería que como se sabe, no es directa como en las armas de fuego, habiendo que calcular de antemano la parábola que debe efectuar la flecha para alcanzar el blanco.

"Su destreza para manejar esta arma primitiva es tal - sostiene Payró (1908:333) - que a cien metros de distancia perforan cajas de fósforos, una tras otra sin errar disparos".

Según Gallardo (1910: 344-345): "Para el tiro al blanco les sirve de arma el arco, de proyectil una flecha inservible y desprovista de la punta, punta que guardan para que no se pierda, y de blanco algún trozo de cuero 6 pájaro muerto.  En este ejercicio demuestran una habilidad asombrosa é insuperable.  Lo mucho que les cuesta hacer una flecha, es la causa de que en este entretenimiento no usen sus flechas buenas".

Asevera Coiazzi (1914: 74) que: "Los onas son muy diestros en el manejo de esta arma y aciertan casi siempre a un blanco de seis pulgadas a la distancia de veinte o treinta pasos".

Por su parte, Beauvoir (1915: 204), al referirse al "tiro al blanco con arco y flecha a un punto fijo", explica lo siguiente: "Los hombres usan el arco teniéndolo en un plano casi vertical, cogido con el dedo medio de la mano izquierda y entre el pulgar y él índice apoyan el asta de la flecha.  Por lo regular tiran la cuerda con el pulgar y el índice de la derecha apretando la cola de la flecha.  Dado el continuo ejercicio son habilísimos tiradores, y tiran la flecha con gran fuerza a grandes distancias".

Gusinde (1931: 1139) agrega: Todos los esfuerzos similares [o sean deportivos] consisten en un ejercicio de tiro de entrenamiento con el fin de superarse uno al otro en el manejo de estas armas y ganar mucha fama.  En general utilizan la flecha de ejercitación=jas o ch'ármij, cuando se trata de uleká'i que es un tiro al blanco.  Para esto se fija un viejo manto = ule, de ahí su designación, o se cuelga un pedazo de cuero de una rama.  Desde una distancia de por lo menos 30 metros, diversos participantes prueban su habilidad".

Generalmente usaban como blanco un cuero de guanaco (Francisco Minquiol).  También solían utilizar uno de coruro cosido e inflado, llamado kaswíchi, el cual ponían a cierta distancia y le disparaban flechas, las que habían sido despojadas de su punta de vidrio o piedra, pero en cambio tenían el astil aguzado (Angela Loij).

c) El tiro a un blanco móvil.  La primera noticia sobre este juego se la debemos a Barclay (1904: 73): "Se divierten practicando con el arco y la flecha actuando ellos mismos como blanco móvil para el que tira".

Casi simultáneamente, informa Dabbene (1904: 72): "El tiro al blanco con flechas es uno de los principales ejercicios.  Por blanco se pone un ona y proteje su cuerpo con un quillango que mantiene extendido con los brazos, a poca distancia del cuerpo.  La flecha usada en esta ocasión tiene a unos 10 cm de la punta, una especie de redondel de manera que le impide atravesar completamente el quillango y herir al hombre". (Fig. IV)

"Tirar al blanco con arco y flecha o eludir flechas romas a menudo asumían la naturaleza de un juego, sin embargó, este ejercicio se practicaba en casi todas las actividades pues era necesario para el mantenimiento de la vida misma.  Cada ona debía esperar poder vencer al otro o, en caso contrario, ser flechado por él".(Lothrop 1928:91).

Según Gusinde (19331: 1138): "A menudo, dos personas miden su habilidad con el arco.  Dos rivales movidos por los celos, se enfrentan en un verdadero duelo con flechas; si existe una seria enemistad, se comienza con muchas formalidades; en cambio, si lo hacen únicamente como ejercicio o por celos, la lucha se inicia de la siguiente manera: un hombre entrega a su contrincante seis flechas, que éste tira, una después de otra, mientras que el primero, ubicado a corta distancia del tirador, trata de eludirlas hábilmente.  Si el tirador no logra acertar, el otro participante se siente muy orgulloso, pues se conceptúa como algo difícil el hecho de eludir flechas.


Fig. IV Tiro al blanco móvil

El que es hábil en esto goza de gran fama como guerrero.  A veces también se ejercitan entre amigos en el arte de tirar y eludir flechas".  Agrega luego (p. 1139) que para estas pruebas se recurre a flechas especiales que no llevan una punta de madera, como dice Dabbene, sino un botón de cuero.  Pero es evidente que los eventos descriptos por estos autores son diferentes y, en consecuencia, es muy probable que también lo hayan sido las flechas empleadas.

Angela Loij alcanzó a conocer este último juego, al que se designaba con el nombre de jelmejeien, según ella, las flechas tenían la punta atada para evitar lastimaduras y el que esquivaba los proyectiles, Ilamado jelkéken, lo hacia saltando, moviendo el cuerpo o levantando los brazos o las piernas.

d) Los duelos o combates simulados: Dice Gallardo (1910: 348): "El simulacro de combate es otra de sus diversiones y ejercicios.  Para ello los dos combatientes sacan de sus flechas las puntas y las reemplazan con pelotas de cuero que las hagan inofensivas.  Se colocan los combatientes en lugares apropiados y comienza la pelea que tiene por objeto adiestrarse en evitar la flecha del contrario".

Estos duelos, a veces se efectuaban para dirimir cuestiones personales o de grupos y constituían, como dice Bridges (1952: 409), un rito de paz.  Se llevaban a cabo con un protocolo y una serie de reglas particulares que, en cierto modo, recuerdan a los torneos medievales entre caballeros, los cuales, además de entretenimiento o entrenamiento, solían ser usados para dirimir problemas políticos o cuestiones amorosas.  Los torneos entre los ona, siguiendo al autor mencionado, recibían el nombre de jelj.  Por lo que se sabe y como Bridges mismo lo afirma (p. 414), ha sido éste el único hombre blanco que tuvo ocasión de observar directamente uno de estos ritos de paz.  De la muy extensa descripción que él suministra (p. 409-414) haré una síntesis lo más breve posible.  Como primer paso hacia una reconciliación, dos grupos rivales decidieron revivir la ceremonia tradicional llamada jelj, con lo cual se comprometían a no pelear de nuevo.  Luego de despachar mensajeros para reunir a todos los que se hallaban alejados, ambos bandos se encontraron en el lugar previamente señalado y se ubicaron a cierta distancia, sentados en el suelo, junto con sus mujeres, niños y ancianos.  Durante largo rato estuvieron mirándose y cavilando en silencio.  Al cabo de tres cuartos de hora, como si todos hubiesen estado de acuerdo, se incorporaron los hombres del sur, que eran los que habían propuesto el torneo y avanzaron rápidamente hacia el lugar abierto, seguidos por las mujeres y los niños.  Después de recorrer unos 150 metros se detuvieron, apilaron sus arcos y aljabas y siguieron avanzando hasta situarse a unos pocos metros del grupo opuesto.  Los hombres de uno y otro bando estaban pintados con puntos blancos y rojos o con rayas variadamente dispuestas.  Las mujeres también lo estaban, pero con menos esmero; la mayoría se había pintado de rojo oscuro, señal de luto.  Los hombres del sur hablaron, entonces, uno tras otro tranquilamente y con gran dignidad.  Los norteños contestaron de igual manera, sin que nadie alzara la voz ni fuera interrumpido.  He aquí la esencia de sus observaciones ¿Donde están ahora los ona?  No queda ninguno.  Pertenecemos todos a la misma raza y al mismo país. ¿Por qué hemos de odiamos y matamos hasta que no quede ninguno?  Ya no estamos enojados, ni queremos enojarnos de nuevo; queremos olvidar.  Entonces uno de los sureños, interrumpió bruscamente el parlamento, eligió a un contrario y sacó de debajo de su capa cinco flechas cuyas puntas habían sido reemplazadas por pedazos de cuero fino atados fuertemente con tendones, especie de botón que hacía imposible una herida mortal.  Luego de colocarlas en el suelo, pasando por encima de ellas, fue a ubicarse a una distancia de 80 metros donde se despojó de sus mocasines y de su capa y quedó desnudo e inmóvil.  El norteño se levantó y avanzó hacia el campo abierto, donde dejó caer su capa, tomó una de las flechas y la colocó en su arco; cuando disparó, el otro corrió hacia él; mientras éste seguía disparando las cuatro restantes, el del sur continuaba eludiéndolas.  Luego, cada uno recogió su capa y volvió a mezclarse con los del grupo.  Uno después de otro, los onas del sur que estaban en edad de pelear, repitieron la maniobra del primero, dejando sus cinco flechas en el suelo y eligiendo a un contrario para que les disparara.  Cuando el hombre qué ofrecía blanco, mediante una hábil maniobra lograba evitar la flecha, se oían en la concurrencia exclamaciones guturales de aprobación, pero si no se acercaba a su adversario a suficiente velocidad o daba brincos inútiles, eran sus propios camaradas y no sus enemigos los que desaprobaban.  Después que todos los del sur cumplieron su tumo, los norteños sacaron sus flechas y cada uno permitió a un adversario disparar los acostumbrados cinco tiros.  La rapidez visual y de movimiento de la mayoría de los hombres de ambos bandos era admirable, a pesar de lo cual, más de uno resultó con heridas sangrantes a las cuales no le prestaban la menor atención.  A continuación, se entablaron conversaciones y hasta se oyeron risas.  Durante tres días hubo comunicación amistosa entre ambos clanes; se hicieron mutuas visitas, las mujeres pasearon juntas y los muchachos entablaron luchas amistosas.  Con este torneo, asegura Bridges, quedó zanjado un pasado sangriento, con mutuos asesinatos, y el futuro demostró que las promesas formuladas entonces fueron fielmente cumplidas.  El evento narrado acaeció durante los primeros años de este siglo y según lo aseguraron los ancianos que, junto con él, observaban el espectáculo, sólo unos pocos de ellos habían tenido ocasión, en toda su vida, de ver una sola vez algo similar, lo cual es indicativo de la escasa frecuencia con que la ceremonia descripta se llevaba a cabo.

Francisco Minquiol, que vio a los adultos realizar simulacros de duelos durante su niñez, me informó que este entretenimiento se llama jelmejéien.  Dos individuos se ubicaban a una distancia de unos 30 a 50 metros entre sí, según la habilidad de los contendientes, y se disparaban con el arco simultáneamente, debiendo ambos esquivar la flecha del contrario.  Para evitar lastimarse, envolvían la punta de la flecha con lana de guanaco.  Su finalidad era la de adiestrarse en el regate de flechas para casos de guerra.

LAS BATALLAS CON LEÑOS ARDIENTES

El único testimonio que conozco de este juego, es el que suministra Gusinde (1931: 1139): "Un entretenimiento particular, pero que resulta divertido para esta gente, es el juego con leños ardientes, llamado ch'onektárren.  Los hombres forman dos filas opuestas conservando una distancia de cerca de 1 5 metros entre fila y fila.  Cada uno tiene un leño ardiente en la mano, que primero mueve un poco y luego arroja en dirección de la otra fila, donde cada uno pone gran atención, pues deben tratar de eludirlo.  Entonces lo recogen y arrojan hacia su punto de origen.  Muchas veces, estas maderas ardientes se cruzan en ambas direcciones y , como giran y chocan en el aire, causan una impresión muy particular en la noche oscura".

Un juego similar ha sido consignado por Ambrosetti (1 895: 343) para los kaingang de Misiones.

EL JUEGO DE PELOTA 

Segers (1 891: 76) dice: "Conocen también un juego de pelota, objeto que fabrican con las membranas natatorias de los penguines o de otra ave acuática que las tenga muy desarrolladas.  Para ello las desprenden cuidadosamente de los dedos del ave y las rellenan de pasto seco que cosen prolijamente mientras están frescas, de modo que al secarse se achican y queda la pelota dura.  Todo el juego consiste en mandarse la pelota el uno al otro lo más lejos posible como en el juego del pallone.  Las mujeres nunca toman parte en estas diversiones permaneciendo sentadas como simples espectadoras".

De acuerdo con Del Turco (1 904: 20) " ... juegan a la pelota, que es su diversión predilecta; las pelotas son de piel de guanaco, llenas de pelo del mismo animal, de pluma o de otra materia elástica".

Según Beauvoir (1 915), el juego de pelota se llama kmauren-hatu (p. 148).  Dice luego (p.204) que: "La pelota la hacen con un manojo de yerbas secas, o de plumas, o pelos amarrados redondamente del tamaño de un puño.  Lo juegan juntos siete, ocho o más, formándose un círculo, enviándose la pelota del uno al otro, en alto unos metros y transmitiéndosela así al rededor, hasta que alguno o por menos listo, o por descuido, la deja caer al suelo y pierde; siendo causa ésta, de las risas generales y alborozo común de todos los jugadores y asistentes.  Este juego es muy común, practicado por chicos y grandes".

Por su parte, Tonelli (1 926: 127-128) sostiene: "El juego de la pelota es el preferido de los muchachos onas.  Muchas veces usan una vejiga de animal (guanaco, caballo, buey) inflada con aire de los pulmones, que se llama ahora ash-ket.  Cuando tienen una pelota bien esférica, como las de goma reciben el nombre koliót, la llaman toker, nombre que los indios dan a las piedras perfectamente esféricas.  Los muchachos juegan disponiéndose en círculo y lanzándose la pelota y atrapándola en el aire".  Según este autor, pelota se dice ashket, toker, atu, amitér, ámiter; tomar la pelota, atu awren, atu- k- M- awren; jugar a la pelota, atu terén.

Lothrop (1928: 91) escribe: "Los ona también se entregaban a un simple juego de pelota que consistía en nada más que tirar y agarrar la misma.  La pelota (chato), del tamaño de una de base-ball estaba hecha con piel de una gaviota grande (kaprrh) conocida localmente como la negra hedionda y que se parece bastante a un albatros.  Su piel es llenada con pasto seco".

Gusinde (1931: 1139) describe su desarrollo de la siguiente manera: "Mucho más raro es que los shelknam se entretengan jugando a la pelota =ch'aturr; varios adultos se ubican formando un círculo más o menos regular y conservando una cierta distancia entre uno y otro.  El dueño de la pelota la arroja hacia arriba y al centro de la rueda.  Allí, al bajar la pelota, el más próximo debe impulsarla nuevamente hacia arriba con la palma de la mano.  Así continúa el juego y se pone atención en que la pelota no caiga al suelo.  La pelota = chat, se confecciona preferentemente con un trozo blando de cuero, dentro del cual se colocan plumas o líquenes en cantidad suficiente como para que, al cocerlo, forme una esfera dura.  Su diámetro varía ente 8 y 14 cm.  Los habitantes de la costa utilizan las membranas interdigitales de grandes aves marinas, a las cuales rellenan y cosen del mismo modo que los yamanas, siendo entonces más livianas.  No cabe duda de que el juego de la pelota no los divierte mucho".  Más adelante (pag. 1140) sostiene que las niñas gustan más de este juego que los varones y que Del Turco exagera la predilección de Ios ona por el mismo.

De acuerdo con Angela Loij, acostumbraban a fabricar la pelota cuero de coruro relleno de pasto.  Para jugar con ella, formaban una y la impulsaban con la mano, interviniendo adultos de ambos sexos pelota se llama át'u, mientras que la pelota de goma introducida por los blancos se denomina chat(o).

PRUEBA COLECTIVA DE FUERZA

El único juego colectivo de fuerza que ha sido registrado para los ona, consistía en una prueba de empuje que Gallardo (1910: 347) describe así: "Otra forma de lucha se lleva a cabo entre muchos individuos distribuidos en dos bandos.  Consiste este juego en ponerse frente a frente dos hombres, apoyando mutuamente su hombro derecho en el del contrario y las manos en las caderas del adversario; detrás de cada uno de estos hombres y apoyando las manos sobre las asentaderas, se ponen tres, cuatro 6 más partidarios.  Listos los combatientes, comienza la lucha por hacer retroceder al enemigo empujándolo con fuerza.  El triunfo corresponde a la fracción que ha conseguido inutilizar la resistencia del partido contrario por medio de su pujanza".

Gusinde (1931: 1136) escribe: "Otra competencia que entretiene mucho es la llamada hamák'arr, que consiste en una prueba de fuerza entre dos filas de hombres; éstos, en igual número, se ubican apretadamente, cada uno coloca sus brazos sobre la cintura del que antecede, juntando casi siempre las manos.  Cada fila se pone en contacto con la otra, mediante el hombre que respectivamente, las encabeza.  Se colocan ambos con el cuerpo muy inclinado, apoyan su hombro derecho con el del contrario y ambas manos sobre la cintura del otro.  Comienzan entonces a empujar y es vencedor el grupo que hace retroceder al contrario.  Resulta hermoso observar estos cuerpos bien formados al desarrollar su fuerza al máximo".

 

JUEGOS DE RECREACION

JUEGO DEL ARO

La siguiente información es suministrada por Gallardo (1910: 348349): "El juego del aro consiste en tirar al aire una argolla llamada aato y en volverla a tomar el mismo que la ha arrojado o los compañeros.  Esta argolla es hecha de cuero blando de guanaco o zorro, y tiene unos 20 6 25c, de diámetro".

Además, según este mismo autor (p. 344):"Las mujeres suelen jugar entre ellas con los aros de cuero..."

LOS FUEGOS ARTIFICIALES

"Para realizar los fuegos artificiales, diversión que mucho los entretiene, aprovechan generalmente las noches sin viento.  Toman flechas inservibles a las cuales rajan la punta, colocando en la hendidura una brasa que comunica fuego al astil y la arrojan por medio del arco en dirección recta hacia arriba.  El subir y bajar del punto luminoso, cuya viveza aumenta con la rapidez de la flecha es de lindo efecto"(Gallardo 1910: 349).

Sobre la misma diversión, Tonelli (1926: 128) expresa lo siguiente: "Flecha relámpago, jan-e-schéj.  Es una flecha con la punta encendida, que se lanza de noche por diversión y alegría, a guisa de cohete.  Los indios la llaman jan-e-shéj, lo mismo que al proyectil del fusil... Lo hacen no sólo los muchachos, sino también los hombres los cuales acompañan este juego con exclamaciones de alegría".

Gusinde (1931: 1141) anota: "Mucho divierte a los niños el jánkenkoskäte.  Para ello utilizan simples palitos como flechas, o bien, flechas defectuosas sin la correspondiente punta.  Ponen en ignición el extremo superior y luego las disparan en la oscuridad de la noche.  Como una gran chispa, vuela la flecha por el aire y el efecto es tanto más sorprendente cuanto más a menudo son disparadas".  Sin embargo, es posible que haya tenido conexiones mágico-religiosas.  Al respecto escribe Bridges (1952 :309) que, luego de dos días de tiempo inclemente, los indios que lo acompañaban hicieron lo posible por detener la lluvia.  "Al caer la noche, los hombres quitaban las puntas de pedernal o cuarzo de sus flechas, y ponían en su lugar brasas especialmente preparadas.  Disparaban luego con fuerza la flecha en dirección a la lluvia, con un grito de desafío agudo y salvaje.  Al atravesar el espacio este primitivo cohete se encendía por fricción, describiendo en la oscuridad reinante una estela fugaz y encantadora...,pero todos nuestros esfuerzos resultaron vanos".  Según Angela Loíj, este entretenimiento se llama koshkéte y de su ejecución se encargaban, por lo general, los hombres con objeto de entretener a todos, no solamente a los niños.  A veces eran éstos o los muchachos quienes se divertían practicándolo, pero ellos, con sus arcos pequeños nunca podían lograr el efecto visual que obtenían los mayores.

LAS COSQUILLAS

Dice Gallardo (1910: 349): "Son muy afectos a hacer cosquillas en los pies a sus amigos, lo que les arranca carcajadas sonoras y les hace contorsiones que a su vez fomentan la hilaridad de los presentes.  Parece imposible que el ona pueda encontrar tanto placer en diversión tan sencilla y sin embargo se ve que hasta los viejos pierden seriedad cuando se hace a alguno pasible de esta broma".

Según Gusinde (1931: 1140): "Alas niñas les gusta sobremanera hacerse cosquillas mutuamente = ch'éuchel, más aún cuando hay varias reunidas.. Inclusive a los adultos les agrada esta diversión".  Aunque agrega luego, que Gallardo exagera algo su apreciación.

De acuerdo con Francisco Minquiol, jugaban a veces a hacerse cosquillas, tanto niños como adultos, pero nunca entre parientes pues era considerado como una falta de respeto a sus mayores.  El juego se llamaba kochél.

SIMULACION DE DUENDES O FANTASMAS

En la mitología de los ona existían varios duendes o fantasmas, según asevera Brídges (1952: 416-418).  Uno de ellos, llamado Hahshi, ruidoso y de color castaño oscuro, como la madera podrida, era dañino; si encontraba un campamento desierto causaba en él gran estropicio; vagaba por los montes gritando de rato en rato, en forma similar a una especie de mochuelo.  Los hombres solían divertirse simulando su presencia para asustar a las mujeres.  Dice el mencionado autor (p. 418-419): "Cuando las mujeres manifestaban su temor a Hahshi, los hombres lo tomaban en broma.  Les brindaba la oportunidad de burlarías simulando la aparición del duende, para asumir luego esta actitud protectora que tanto nos gusta a los varones.  Para dar más realidad a su demostración y por si acaso una de las mujeres los sorprendía "entras atravesaban el campamento desierto, el falso Hahshi se cubría con hojas secas y pedazos de corteza pegadas con barro y moho; añadiendo así la suciedad a las otra poco admirables peculiaridades del duende.  No era siempre el grito de un verdadero mochuelo lo que sembraba el pánico.  Un cazador travieso, que se ha alejado del campamento luego de manifestar su intención de no regresar en varios días, puede, muy fácilmente, arrastrándose de noche a corta distancia del campamento, y dando el grito convencional de Cooh-hooh, repetidas veces, crear la consiguiente alarma, que los otros hombres se encargarían de magnificar.  En este caso ni siquiera había necesidad de disfrazarse ni pintarse para representar el papel".

LA IMITACION DE VOCES ANIMALES

Los ona eran grandes imitadores de las voces o gritos de los animales (Bridges 1952: 315) y es muy probable que dichas parodias figurasen dentro del repertorio de diversiones.  Es así que imitaban a las aves, contestando a veces sus gritos durante las marchas, provocando las risas de sus compañeros (op. cit. p. 454).  Dicho autor (p. 315) cuenta que una noche, en ocasión del regreso de un grupo de cazadores portando abundante carne, los que estaban en el campamento mostraron su alegría ladrando y gruñendo como los perros.  "Ante una invitación de Kankoat  nombre de uno de los aborígenes que aguardaba nos pusimos todos a ladrar como perros, para dar la bienvenida a los afortunados cazadores.  Los ona era buenos imitadores, y acompañados por los verdaderos perros, se armó en el bosque silencioso un alboroto de todos lo diablos; mujeres y niños se unieron al coro.  Entremezclados con los alegres ladridos se oían lúgubres lamentos y furiosos gruñidos de algunos perros humanos.  Kankoat y un compañero hicieron una imitación realista, gruñendo y mostrando los dientes, que parecía que en cualquier momento iban a arrojarse uno contra otro.  Esta representación, en honor a los cazadores que habían desafiado la oscuridad y el mal tiempo para traer alimento a sus familias y amigos, en lugar de quedarse a pasar cómodamente la noche, tenían un nombre peculiar que no puedo recordar; sólo tuve cuatro oportunidades de presenciar semejante acogida".

 

JUEGOS INFANTILES Y JUGUETES

Según Cooper (1946: 122) por orden de popularidad, los juegos de los varones son: práctica con arco y flecha, con honda, tirar la flecha a través de un aro de pasto, tirar flechas encendidas en un extremo, colgarse y hamacarse en las ramas cabeza abajo.  Y los de las niñas: muñecas, casas para jugar, escondite, hacerse cosquillas mutuamente, hamacarse en un columpio, correr y saltar formando un círculo.

Gallardo (1910: 349) sostiene: "A propósito de los niños, diré que hacen lo mismo que los hombres, pero en forma más infantil.  Agregaré que con sus juegos no sólo se divierten, sino que también fortifican su cuerpo dando fuerza y destreza a los miembros".

Los niños podían desarrollar sus diversiones libremente, aunque, según lo atestigua el citado autor, habían ciertas limitaciones: "Los ona dicen a sus hijos que no deben salir de noche mientras la luna está flaca, es decir cuando la luna es nueva o está en sus cuartos menguantes y crecientes, porque ésta los acecha detrás de la maleza y noche a noche se come un desobediente hasta que engorda, que se hace luna llena o casi llena; pero sí les permiten entregarse a sus juegos cuando ésta ha llegado a su plenitud, momento que los niños aprovechan, seguros de que aquella no los comerá porque está gorda". (Gallardo 1910: 349-350).

En cuanto a los bebés, fuera de sonajeros de concha y de un pequeño arco si era varón, ningún otro juguete les fabrican sus padres, ni tampoco les dedicaban tiempo especial para entretenerlos.  "Recién después de cierto tiempo, el observador se da cuenta de cuan abandonado esta el niño de pecho, a su propia suerte, en lo que se refiere a diversión o entretenimiento". (Gusinde 1931: 384).

"Luego de cierta edad, los niños se servían de juguetes que, básicamente, eran reproducción de los utensilios que los adultos empleaban en las tareas cotidianas (Gusinde 1931: 114)." El mismo autor (1951: 262) sostiene: "Como juguetes, sólo conocen las armas y utensilios que utilizan los mayores, aunque de tamaño más pequeño y adaptado a su edad... Corrientemente saben hacerse estos juguetes ellos mismos; únicamente cuando son muy pequeños se los confeccionan sus padres".

Jugar lo niños se dice k'rren (Angela Loij).

EL ARCO DE JUGUETE

El niño, por instinto de imitación "toma las varas de los arbustos secos y se afana en convertirlos en flechas.  Esto lo he observado muchas veces: la flecha es lo que más les agrada". (Holmberg 1906: 57).

A los cinco años de edad "...el padre o el abuelo - más generalmente el abuelo - pone en sus manos el primer arco y las primeras flechas, cuyo manejo le enseña ayudado por varios siglos de atavismo y de selección natural y artificial". (Payró 1908: 310).

"Apenas el niño puede manejar el arco, ya sus padres le hacen uno pequeño y es tal la afición que tiene por la caza, afición que les viene por herencia, que su sueño dorado es matar pájaros; citaré como rasgo de ingenio de los pequeñuelos que, para aumentar las probabilidades de tocar el ave, colocan en la punta de la flecha un palito cruzado". (Gallardo 1910: 350) .

"En el manejo del arco, los ona se muestran de un habilidad extraordinaria, merced a un continuo ejercicio en el cual se entrenan desde niños, mediante arcos de forma minúscula y regular, hechos con una rama cualquiera, curvada por un tendón y por flechas usan plumas de pavos selváticos". (Borgatello 1924: 54).

Según Gusinde (1924) la mujer ona guardaba con toda solicitud un arco pequeño que había recibido de mano del que la conquistaba, para entregarlo como juguete al primer hijo, cuando éste llegase a la edad de infante.

Algo más explícito, en cuanto a este juguete, son los datos que el mismo autor publicó posteriormente (1931: 398): "Además de vagar por los alrededores del campamento, los muchachos gustan mucho de tirar con el arco, arco y flecha, puede decirse, constituyen el juguete autóctono característico.  El padre ya lo hace, en forma muy sencilla, para el bebé, con un palito levemente doblado por una cuerda de tendón.  Otro palito corto hace de flecha.  Aunque la criatura no sabe qué hacer con el juguete, parece que los padres no pueden verlo sin él-, les parece que le falta algo.  Vi arcos de este tipo cuya cuerda medía más de 12 centímetros de largo.  Los juguetes crecen junto con la criatura.  Cuando tiene cuatro o cinco años de edad, éstos ya están mejor confeccionados, constituyendo una pequeña imitación del arco de caza.  A menudo, la primera pieza bien hecha es el que he denominado "arco de novia".  Para los primeros arcos infantiles es suficiente como flecha un palito fino y liso, pero más tarde se impone la necesidad de plumas en las mismas.  Estas flechas no tienen punta, pues a causa del manejo, aún torpe, habría que reponerlas continuamente".

En la adolescencia, por lo menos, había personas que se dedicaban a enseñarles y entrenarlos en su manejo.  "Los jóvenes indios se esmeran mucho en no fallar la puntería porque el castigo sigue en el acto a la torpeza cometida y consiste en un tajo que reciben en el pecho por los encargados de enseñarlos.  He visto indios con el pecho acribillado de estas cicatrices, testimonio de la dureza del aprendizaje".(Segers 1891: 77).

Según Francisco Minquiol, el arco para los niños medía unos 30 a 50 centímetros de largo y se lo hacía con madera de ñire o de lenga y la cuerda con cuero de guanaco.  La flecha era de calafate con un extremo afilado, en vez de punta de piedra y provista de dos plumas en el otro.  Con este arco los niños cazaban pájaros o tiraban al blanco.

El arco chico de juguete se llamaba ha'ká. (Angela Loij).

LOS JUEGOS CON ARCO Y FLECHA

Estos que eran utilizados exclusivamente por los varones, pueden ser reunidos en dos categorías;

a) El tiro al blanco: Informa Tonelli (1926: 128): "Aún los ejercicios de un tiro al blanco fijo constituyen una de las diversiones preferidas de los muchachos.  Cualquier objeto sirve de blanco".

"Como blanco usan un trozo de cuero o una pelota de líquenes Usnea sp y a veces, un orificio en un tronco o. alguna piedra.  Los muchachos tratan de superarse mutuamente en puntería.  A menudo, algunos hombres presencian el juego alentando a los niños, quienes, puede afirmarse, tienen por compañeros inseparables al arco y las flechas, éstas guardadas en un carcaj adecuado".  Gusinde 1931: 398-399.

b) El tiro al aro: "Para ejercitar en el tiro a los niños, los hombres hacen una rueda o aro de pasto bien atado, cuyo centro está cubierto por un cuero delgado.  Este aro es largado desde la cumbre de un cerro, acompañando el acto con una imitación de relincho del guanaco.  Los muchachos que están desplegados a lo largo del camino que ha de recorrer el aro, le arrojan sus flechas al pasar, tratando de dar en el blanco.  Es muy curiosa esta escena de alegría por parte de los muchachos que la exteriorizan con gritos infernales.  Este continuado ejercicio del arco, desde que apenas pueden empuñarlo, ha hecho del ona un eximio tirador y lo vemos hacer blancos tan admirables con sus flechas como lo hacemos nosotros con las armas más modernas y perfeccionadas.  La educación perfecciona en ellos lo que ya traen ab-initio, por herencia". (Gallardo 1910: 350).

Escribe Borgatello (1915: 204: "El tiro al blanco con arco y flecha a un punto fijo.  Los niños usan pequeños arcos con sus flechitas para ensartar una argolla (hecha de pasto), mientras tirada por otros rueda por el suelo".

De acuerdo con Tonelli (1926: 128): "El tau es un cilindro de hierba seca curvado en aro, de dimensiones varias, puesto a rodar como si fuera una rueda a lo largo de la pendiente de una cuesta.  Los muchachos se ejercitan en flecharlo mientras está en movimiento.  Es un ejercicio de tiro al blanco móvil".

Por su parte, Gusinde (1931: 399-400) documentó este juego tal como sigue:"A veces, el tirar al arco se convierte en una verdadera competencia.  Para ello se necesita un aro de un diámetro exterior de 20 centímetros y una luz interior de 10 a 19 centímetros. (Fig.  V).  Se lo hace de pastos largos y se ata en forma de espiral, con una correa fina o cuerda trenzada de pasto". (3)

"Para el juego se elige un terreno con suave pendiente, con preferencia una costa llana.  Los pequeños tiradores se ubican uno al lado del otro en una fila.  Otro se sitúa a cierta distancia de ellos, a la izquierda o a la derecha, y con fuerte impulso hace rodar el aro.  Este pasa a una distancia de unos 8 m delante de los tiradores, que tratan de atravesar con sus flechas el orificio central.  Con gran algarabía festejan al ganador.  Generalmente los adultos se hallan presentes".  Más adelante (p. 1141) agrega que el aro se llama t'au y que el juego recibe el mismo nombre.


Fig. V Aro de pasto para el tiro al
 blanco infantil (Gusinde)

Francisco Minquiol lo practicó durante su niñez. (Según él, hacían un aro de unos 20 a 30 centímetros de diámetro exterior con el pasto llamado t'orr, para lo cual se le daba forma de circunferencia y luego se lo ataba con el junco llamado taju. (4) Se buscaba un lugar con una pendiente adecuada y se hacía rodar el aro cuesta abajo, mientras que varios niños se ubicaban formando una fila a tres o cuatro metros del camino que iba a recorrer.  Cuando éste pasaba frente a ellos, trataban de flecharlo y ganaba aquel que ensartaba la flecha en el pasto que formaba el aro, el cual recibía el nombre de t'au(en), nombre de otro pasto que también se usaba en su construcción.

El juego era llamado t'au(en) kéllen iáne (=aro-tirar-flecha).

Según Angela Loij, el aro se denominaba t'au y era confeccionado con el pasto hushl (Nombre aplicado a diversas gramíneas, como así también a Ciperáceas y Juncáceas; Cfr.  Martinez Crovetto 1968 a: 7).

LA LUCHA CUERPO A CUERPO

Gusinde(1931:400) señala que los niños también luchaban entre sí, sobre todo si los mayores los incitaban con el ejemplo.

Francisco Minquiol me aclaró que, para luchar cuerpo a cuerpo, los niños, al igual que los hombres, lo hacían por parejas; se ubicaban uno al lado del otro y se tomaban del hombro con el brazo derecho o el izquierdo, según el lado en que se hallaba situado cada rival, o bien, se colocaban frente a frente y asiéndose de la cintura, forcejeaban tratando de voltearse uno al otro.  La única finalidad de este ejercicio era demostrar quién de los dos era el más fuerte.

LA HONDA DE JUGUETE

"Los muchachos también son inseparables de la honda, que es igual a la de los adultos, sólo que más pequeña.  Hacen puntería sobre pájaros, árboles, hongos, charcos.  También las usan en sus bromas contra niñas, perros, tiendas.  Si, debido a su juego demasiado imprudente, ponen en peligro a las criaturas o algún objeto, los mayores los alejan con algunas palabras.  Para adquirir puntería, al tirar no se ejercitan con piedras sino con el tásan (=tasyan) que por ser más liviano, debe arrojarse con mayor fuerza.  Este hueso cuadrado se obtiene de la articulación de la pata del guanaco; primero se lo deja secar y luego es prolijamente raspado".  Gusinde (1931:400).(Fig. VI).

De acuerdo con Francisco Minquiol, la onda se llamaba shingá y se la hacía con cuero de guanaco.  Se cortaba primero un trozo rectangular de unos 10 6 12 centímetros de largo por 3 6 4 de ancho y se hacía un agujero en cada extremo; por estos se pasaban sendas tiras finas y bien sobadas del mismo cuero.  Para tirar con ella se coloca una piedra pequeña en el cuero más ancho y se revoleaba la honda sujetando los dos extremos del tiento con la mano derecha; en el momento de efectuar el disparo se dejaba escapar uno de los tientos y el proyectil salía con violencia. Con ella, los niños cazaban pájaros u otros animales pequeños y jugaban, además, a quien arrojaba la piedra más lejos.  En este caso, el ganador del concurso solfa quedarse con las hondas de los demás.  Según Angela Loij, este instrumento se llamaba shinka.


Fig. VI: Honda, flecha usada para los duelos simulados y flecha infantil para cazar pájaros (Gusinde)

EL COLUMPIO O HAMACA

"La hamaca es un entretenimiento muy querido por los niños, quienes la improvisan del modo más impensado.  Generalmente tejen entre sí dos ramas gruesas laterales de dos árboles vecinos.  Otras veces el columpio es hecho con cuero de guanaco; ahora usan también cuero de buey o fragmentos de tejido unidos entre sí con un nudo.  Los niños son muy felices si pueden disponer de una sólida cuerda". (Tonelli 1926: 129).  Según el mismo autor, elá, w-elá, hash-wel-ken, kash-ul-ken, significa hamaca u objeto que sirve para columpiarse.  Wel-ken, ul-ken, quiere decir hamacarse.

"Para construir el columpio káshwelken, halá, usan unas correas fuertes de cuero, generalmente de foca, y las atan a dos troncos de árboles de manera que quede extendida horizontalmente a poca altura del suelo.  Alrededor de la porción central se envuelve un manto y sobre él se sientan cinco o más niños, los cuales se abrazan unos a otros.  Desde atrás, alguien empuja la fila" (Gusinde 1931: 1140).

Según este mismo autor (p. 395), este juego no tenia mucha difusión, especialmente en el norte del territorio ocupado por los ona, pues éstos no disponían de árboles para colgar columpios.  Entre los del sur, en cambio tenía alguna popularidad.  Cree que es un elemento cultural tomado de los yaganes.

Beauvoir (1915) no describe dicho entretenimiento, pero anota el vocablo kashulken = columpio (1915: 121).

Angela Loij me indicó que se hacía de tiento de guanaco y que su nombre era wilké(n).

Las informaciones que obtuve de Francisco Minquiol difieren algo de lo anotado por Gusinde.  Se colgaba una soga de cuero de una rama de un árbol y se hamacaba un solo niño por vez.  A veces lo hacían dos, pero en este caso se sentaban ambos frente a frente sobre la misma soga.  El columpio se llamaba kashán y creía que era un juego importado.

LA ESCONDIDA

"A menudo juegan al escondite = wiwaiksméten.  Varias niñas se esconden entre la maleza o en el bosque y una debe encontrar a las otras.  La que es descubierta primero, ocupa su lugar".  Gusinde 1931: 1140).

Según Francisco Minquiol, se jugaba de noche y lo practicaban niños de ambos sexos.  Uno de ellos, previamente elegido, debía buscar a los demás, que se escondían tras las matas o aprovechando accidentes del terreno.  Se llamaba wiwaiksmítien.

Angela Loij completó lo dicho anteriormente, indicando que también se jugaba entre dos niños;. su nombre era wiwaiksmitien.

Conviene destacar que durante los ritos de pubertad masculina figuraba una suerte de prueba que puede ser comparada con el juego de] escondite.  Dice Holmberg (1906: 57): "Los hombres forman un grupo (con los de sus respectivos toldos) y las mujeres otro; luego los hombres se dispersan en la noche y el muchacho (cuya ceremonia de iniciación se está efectuando) tiene que salir en su busca y encontrar a todos".

HAMACARSE CABEZA ABAJO

"A veces, los muchachos trepan a una rama horizontal baja y se cuelgan con las piernas de ella, de tal forma que el torso y la cabeza penden hacia abajo y entonces se balancean con los brazos extendidos.  Este juego es llamado hálien ke kwaj" (Gusinde 1931: 1141).

De acuerdo con Francisco Minquiol, se denominaba hállién wínchi kawérr, y era frecuentemente usado por los niños para divertirse, cada vez que podían hallar árboles apropiados.  Consistía en hamacarse colgando de una rama por medio de las piernas con la cabeza hacia abajo y los brazos sueltos.

JUEGOS DE MAREARSE

a)  "En el juego llamado salemkáli se reúnen varias niñas; se ubican a corta distancia unas de otras y giran a la mayor velocidad posible sobre su propio eje; la niña que más tarda en marearse o se mueve durante más tiempo es la que ha vencido".  Gusinde 1931: 1140).

Francisco Miquiol me describió este juego, diciendo que lo practicaban los varones y las niñas, a veces simultáneamente, haciendo competencias para ver quien aguantaba más tiempo.  Se denominaba, otemohém o kechérren.

b )" Las niñas se apartan solamente de su innata callada manera de ser cuando se divierten con el salemkáli.  Se colocan en una hilera una al lado de la otra, se toman mutuamente de la mano a la máxima distancia posible.  La niña que inicia la fila, coloca su brazo libre alrededor de un grueso tronco de árbol y se afirma fuertemente para no ser separada de él.  Entonces la hilera comienza a girar, primero despacio y luego cada vez más rápido alrededor del árbol". (Gusinde 1931: 396).

c)  "Unos cinco niños se colocan lo más cerca posible de un árbol grueso.  Cada niño se agarra del mismo con el brazo izquierdo y el derecho, que queda libre, es extendido horizontalmente.  Colocados así, en círculo, uno inmediatamente detrás del otro, comienzan a correr alrededor del árbol, hasta que uno u otro niño se separa del grupo ligeramente marcado, con lo que termina el juego". (Gusinde 1931: 397).

Según Angela Loij, era llamado telwishken.

LAS CASAS INFANTILES

"Recién a los 12 años de edad los hijos varones se apartan de la choza común construyendo una pequeña que se arma al lado de la de los padres". (Gallardo 1910: 226).

Tonelli (1926: 128) comenta: "Otra diversión de los niños es aquella de construir pequeñas cabañas, kawi-ani, según el uso de la tribu".

Según Gusinde (1931: 1140), las niñas hacen chocitas en las que se visitan mutuamente.  "A veces entre tres o cuatro niñas construyen una pequeña choza para sus juegos, de tamaño suficiente como para que ellas mismas puedan ubicarse dentro.  Aquí encienden fuego y se ubican como si estuvieran en su propia casa, cocinan trozos de carne y se los sirven mutuamente..."

De acuerdo con Angela Loij, estas casas se llaman káu iáni (= casa chica); las construían los niños y las niñas con palos y cueros a semejanza de la de sus padres, sólo que eran más chicas.  Se ubicaban en su interior para jugar y se divertían encendiendo fuego e imitando las tareas de los mayores.

LAS MUÑECAS

Según Gusinde (1931: 1140): "Las niñas se divierten perfectamente con muñecas =nak'án, a las que les atan, por lo común, una carga sobre la espalda, imitando de esta manera al bulto que llevan las mujeres durante las marchas.  Con este agregado las niñas se entretienen solas, atándose una correa a la espalda y acomodando en ella a la muñeca, a la cual transportan de un sitio a otro."

El mismo Gusinde (p. 395-396) describe cómo las hacen y otras maneras de jugar con ellas: "Las niñas gustan mucho de las muñecas; ellas mismas las fabrican.  A las más pequeñas se las hace alguna tía o la hermana mayor.  Para su construcción toman un palito del grosor de tres dedos y de unos 10 centímetros de alto, con una horqueta en un extremo; ésta conforma las piernas; el otro extremo se aplana raspándolo y constituirá la cara.  No se le ponen adornos.  Sobre la cabeza colocan la extremidad de la cola de guanaco, las cuales se peinan imitando a las mujeres.  Alrededor del palito se ubica un trozo de piel a manera de manto.(Fig. VII) La completan con un trozo de cuero arrollado con varios palitos previamente coloreados de rojo, que se atan a la altura de los hombros imitando el bulto que llevan las mujeres sobre la espalda durante las marchas. A veces le colocan en ese lugar una muñequita mucho más chica.  Las muñecas no representan hombres o niños, sino mujeres adultas, en especial, madres con sus bebés durante los viajes.  Durante el juego, las niñas aproximan sus muñecas unas a otras, las colocan en variadas posiciones o las sientan en pequeñas chocitas.  Si hay varías niñas reunidas; construyen imitaciones de campamentos con casitas.  A veces cocinan trocitos de carne que simulan darles a las muñecas, pero finalmente son las niñas quienes se las comen.  Muchas horas pasan con este juego y luego guardan las muñecas en la choza de sus padres".


Fig. VII Muñeca de las niñas Shelknam (Gusinde)

Angela Loij confirmó que las mismas niñas construían sus propias muñecas con palos o ramas y les ponían ropas hechas con cuero de coruro a imitación de las capas de los mayores.  A las mas chicas, se las hacían  los padres, pero los niños, cuando cazaban un coruro lo cuereaban y estaqueaban el cuero que luego serviría para fabricar el vestido de las muñecas.  Estas se llamaban na'ká.

LOS JUEGOS EN LA NIEVE

Una diversión común de los niños de ambos sexos consistía en arrojarse rodando de costado cuesta abajo, aprovechando el declive de las barrancas y lomas nevadas, lo cual hacían despojándose de sus ropas.  Se llamaba kméien.

También era costumbre infantil entretenerse arrojándose unos a los otros bolas de nieve, lo cual resultaba más divertido cuando los participantes eran varios, generándose entonces verdaderas batallas.  El nombre de este juego era hóshik terrén.

Ambas descripciones fueron obtenidas de Angela Loij.

Tonelli (1926:128) dice que las bolas o pelotas de nieve se llaman josh ámiter y el juego, igwa kosh josh ámiter o sea, nos golpeamos-nieve-pelotas.

LOS JUEGOS DE PLAYA

En las ocasiones en que algún grupo aborigen se establecía en las cercanías de alguna playa, los infantes concurrían a ésta cada vez que podían, pues allí se divertían mucho con sus juegos.  El principal entretenimiento consistía en arrojarse unos a otros los llamados chéliams, haciéndolos reventar contra el cuerpo, con lo que producían una especie de explosión y soltaban agua.  Estos chéliams son cuerpos gelatinosos, cilíndrico globosos o en forma de plato, de color colorado (se trata de celenterados comunmente conocidos como pólipos y medusas).  Cuando no los hallaban utilizaban áwen que tienen forma de pelotitas y que también revientan al chocar contra el cuerpo.  Ambos, chéliams y áwen, son muy comunes en las playas, donde el mar los arroja por medio de las olas. (Se refiere muy probablemente a los conceptáculos esporíferos de Macrocystis pyrifera u otra alga similar).  En el primer caso, el juego se llamaba chéliams k'rren y en el segundo, áwen k'rren.

Todo esto según información verbal de Angela Loij.

HACER EXPLOTAR FLORES DE CALCEOLARIA

Cuando llegaba el verano, los niños se entretenían frecuentemente en hacer explotar las flores llamadas haháien, que se encuentran por lo común donde hay árboles y a la orilla de los arroyos.  Para hacerlo, extendían la mano izquierda con la palma hacia arriba, colocando en ella una flor o dos y luego, al golpear con la derecha, se producía un pequeño ruido, como una explosión, que los divertía mucho.  Cuando mayor era el ruido, más grandes eran los festejos y las risas.  Háhaíen era el nombre de la flor y de la planta ( se trata de Calceolaria biflora y de otras especies afines; (Cfr.  Martínez Crovetto 1968 a: 6), y haháien k'merr, el del juego (información de Angela Loij).

PRUEBA DE RESISTENCIA AL DOLOR

Los muchachos demostraban su resistencia al dolor, colocando un trozo de carbón encendido sobre su antebrazo y aguantando el mayor tiempo posible, a veces hasta ocasionarse quemaduras bastante severas.

El párrafo anterior fue tomado del estudio de Cooper sobre los ona, quien lo incluyó dentro del capítulo "Games and sports" (1948: 122).  No obstante, pruebas similares formaban parte de los ritos de iniciación de los varones y servían para demostrar su hombría e indiferencia al dolor (Bridges 1952: 431).

RONDA DE SALTOS

"Las niñas gustan tomarse de las manos formando un círculo y correr y saltar en cualquier dirección = kloj kwaj.  A veces se ubican de modo que las caras estén dirigidas hacia afuera del círculo". (Gusinde 1931: 1140).

Según Francisco Minquiol, los niños de ambos sexos, se tomaban de las manos formando una rueda y corrían y saltaban en redondo.  Este entretenimiento era llamado klóllen wiik chel kawérr(= dar la vuelta-nosotros-mano-agarrados),

Entre las ceremonias rituales de los ona, existían algunas que Bridges (1 952: 436) interpreta como juegos, aunque tal vez, no sean tales.  Una de ellas es la siguiente: "Un grupo de hombres cubiertos de cenizas y tierra, salían en masa de la Logia (1), en cuclillas, saltando como una caterva de ranas excitadas y haciendo un ruido infernal.  Nunca se alejaban mucho de la Logia y volvían a ella con el mismo desorden.  En el juego tomaban parte muchachos demasiado jóvenes para ser miembros de la Logia, y todos se divertían muchísimo". (Op. cit. p. 435-436).

LAS CARRERAS PEDESTRES

"Los niños también practicaban carreras pedestres, sobre todo si son incitados por los mayores". (Gusinde 1931: 400).

No conozco otro testimonio al respecto, de modo que es poco lo que puede decirse en cuanto a este deporte entre niños.  Es de suponer que desde muy jóvenes fueran adeptos a él, especialmente por tratarse del ejercicio de preferencia de los adultos, como ya se indicó anteriormente.  Y que efectuasen prácticas con miras al futuro y aún, realizasen pruebas competitivas, tanto de velocidad como de distancia.  No debe desdeñarse tampoco la idea de que los hombres los entrenaran en forma más o menos metódica como lo hacían con el arco y la flecha, pues así podrían interpretarse las palabras de Gusinde "incitados por los mayores".

De más está decir que, corno se desprende del contexto de la obra de este autor, era juego de varones.

LOS JUEGOS CON HILO SIN FIN

Se efectuaban con un tiento o tira de cuero de guanaco con ambos extremos atados entre si, constituyendo de esta manera un lazo de unos 50 o 60 centímetros de largo.  Con éste, entreteniéndolo entre los dedos, los niños sabían construir diversas figuras y pruebas, de las cuales, Francisco Miquiol, que es a quien debo los datos aquí incluidos, solo recordaba el método de ejecución de los siguientes:

a)  Káu imi(e)l (= construir la casa): (5) Enganchar el lazo en el pulgar y en el meñique de la mano izquierda y dejar el otro extremo colgando.

2) Con la mano derecha tomar el hilo palmar izquierdo y estirar hasta que el lazo colgante quede como hilo palmar izquierdo.

3) Soltar el lazo derecho de modo que quede colgando y repetir la operación anterior, cuidando hacerlo por entre el lazo colgante.

4) Introducir la mano derecha desde arriba dentro del lazo colgante y enganchar la yema del índice por arriba el hilo meñique externo y, por debajo, el hilo pulgar interno y estirar.

5) Curvándolos, introducir desde arriba e 1 anular izquierdo dentro del triángulo ubicado frente a él, el mayor izquierdo dentro del rectángulo y el índice izquierdo dentro del triángulo restante, sujetando el hilo palmar izquierdo contra la palma.

6) Pasar los dos lazos derechos hacia el dorso de la mano izquierda y soltarlos.

7)  Con el índice y el pulgar de la mano derecha tomar el hilo ubicado en el dorso de los dedos centrales de la mano izquierda, sacarlo y estirar suavemente mientras se enderezan estos dedos.  La figura se muestra verticalmente con la mano izquierda abajo. (Fig.  VIII).

Este juego tiene amplia distribución entre los aborígenes de América del Sur a través de dos métodos de construcción diferentes que dan origen a ligeras variantes en el diseño de la parte central.  Uno de ellos es usado por araucanos y gununa-kene y, con ligera variación, en Guyana (Martínez Crovetto 1970: 42-43). 


Fig. VIII Construir la casa, juego con hilo sin fin

El otro, que es descripto más arriba, lo he hallado entre aborígenes del Perú, aunque algo modificado (Cfr.  Martínez Crovetto 1972: 138).

b) Haukéwie (= sierra), Se ejecuta de la misma manera que entre los indígenas del norte de la Patagonia (Cfr, Martínez Crovetto 1970: 62) por lo cual no repetiré aquí su método de construcción.  Se trata de una figura móvil, en la cuál, mediante el movimiento de vaivén que imprimen con las manos los dos participantes, se representa el ir y venir de la mencionada herramienta.  Existe entre numerosos grupos de indios sudamericanos y, casi con certeza, ha sido introducida desde Europa. (Fig.  IX).

c) Terrkawécheñ (= sale de adentro del dedo): 1) Enganchar un extremo del lazo en el pulgar izquierdo.


Fig. IX: Sierra, juego con hilo sin fin

2) Tomar con la derecha el otro extremo , pasar el lazo por el lado interno del pulgar izquierdo hacía el dorso de dicha mano, cuidando que el hilo pulgar interno quede ubicado en posición inferior (o sea hacia la muñeca) a la del hilo pulgar externo y traerlo hacia la palma pasando por el lado exterior de la mano.

3) Con el pulgar izquierdo enganchar desde abajo el hilo que surge en posición inferior de la mano izquierda y juntar la yema de dicho dedo con la del índice respectivo.

4) Soltar el lazo sostenido con la mano derecha y dejarlo colgando.

5) Tomar el hilo dorsal superior (o sea el que se origina en el hilo pulgar externo), pasarlo por encima de los dedos y soltarlo del lado del la palma respectiva.

6) Tomar el hilo dorsal restante, sacarlo por encima de los dedos y estirar.  De este modo el lazo escapa dejando libre el pulgar.

Esta prueba de ilusión puede hacerse más complicada intercalando entre los pasos 2 y 3 el siguiente pasaje: pasar el lazo sostenido con la mano derecha por la palma izquierda, llevarlo hacia el dorso de la misma mano pasándolo por el lado externo de dicha mano.

Ningún autor, que yo sepa, ha hecho mención de juegos con hilo sin fin entre los ona.  Gusinde, que fue uno de los investigadores que mayores contactos tuvo con ellos, no los cita; pero es evidente que en la década del 20, coincidiendo con las visitas de aquél, Minquiol tenía la edad adecuada para la práctica de este tipo de juego, por lo cual, supongo, puede haberle pasado desapercibido.  Por otra parte, el aborigen Santiago Rupatini, hoy también fallecido, me comentó, en oportunidad de una visita que efectué al lago Fagnano en 1965, que Gusinde conversaba siempre con la gente de edad y que poco o ningún trato tenía con los jóvenes y los niños.

Consultado Minquiol sobre la antigüedad que podrían tener los juegos con hilo sin fin entre los ona, me contestó que nada sabía al respecto, que ignoraba si los adustos los conocían o los habían practicado alguna vez durante su niñez, pero que él y sus amigos indígenas se entretenían frecuentemente con ellos cuando eran chicos.  Tampoco conocía el nombre colectivo de los mismos, sino únicamente recordaba el particular de cada uno.

Angela Loij nunca los había visto ni sabía de su existencia, aún entre niños de otra extracción, lo cual me lleva a creer que hallan sido utilizados únicamente por los varones.

EL DISCO ZUMBADOR

Según Francisco Minquiol, se hacían con una rodaja de cuero duro de unos 10 centímetros de diámetro a la cual se le practicaban dos agujeros próximos al centro, separados entre sí un par de centímetros y el borde se cortaba en forma dentada.

Por los agujeros se pasaba un cordón hecho con tendones o nervios de guanaco de unos 50 o 60 centímetros de largo, cuyos extremos se anudaban entre sí.  Los niños se divertían haciéndolos zumbar y, cuando giraban, trozaban tallos de pasto fingiendo que cortaban leña.  Se llamaban jankébien (= para cortar leña). (Fig.  X).

Su manejo es bien conocido y su distribución en América del Sur aún entre niños no indígenas, es muy amplia.  De ella se ocupó Cooper (1949: 510) quien lo señala para las Guayanas, Amazonas, este del Brasil, este de Bolivia, y Gran Chaco, correspondiendo extender su área hasta Tierra del Fuego.


Fig. X: Disco zumbador, según croquis a lápiz
hecho por Francisco Minquiol

LOS SONAJEROS PARA BEBES

Los sonajeros los fabricaban, de acuerdo con Segers (1 891: 7 1) con seis válvulas de mejillones ensartadas de mayor a menor en un tendón de guanaco trenzado, colgados a distancia de tres centímetros unas de otras...

Los datos que suministra Gusinde son más amplios.  Dice este autor (1931:    385): "El niño de muy corta edad no tiene juguetes.  Como excepción los habitantes de la costa hacen un sencillo sonajero de seis caparazones de moluscos perforados y enhebradas con un hilo y separadas entre sí por gruesos nudos.  Al tirar o aflojar el hilo se produce un leve ruido".  Más adelante (p. 1141) agrega: "Los habitantes de la costa confeccionan el hasháshmechen, también llamado tamkehás, una especie de sonajero o maraca de unas cinco caparazones de molusco Fissurella o Mactra.  También toman varios pequeños caracoles, les practican un pequeño agujero y los enhebran en hilo fino de tendón, que le ponen al niño alrededor del cuello.  Este páushkan produce un leve sonido con cada movimiento.  Pero dicho conjunto de juguetes no llegó nunca a popularizarse mayormente".

HACER REBOTAR PIEDRAS PLANAS SOBRE EL AGUA

Cho(un) aj járkier(n) llamaban los ona a este entretenimiento tan común.  Cuando estaban cerca de las playas o de algún lago se divertían, tanto niños como niñas, en arrojar trozos planos de pizarra, buscando que rebotaran sobre la superficie del agua y se desplazaban dando saltos.  Era grande la algarabía cuando alguno lograba que su proyectil lo hiciera repetidas veces. (Angela Loij).

EL REGATE DE PROYECTILES

Para ejercitarse en el arte de esquivar flechas, según fue descripto al hablar de los duelos simulados, dice Bridges (1952: 414) que "... los jóvenes se hacían apedrear con guijarros o con hongos de los árboles, llamados terrh (se refiere a los cuerpos fructíferos de Cyttaria) que son del tamaño de una pelota de golf, e igualmente duros cuando están helados".

EL JUEGO DE PELOTA

Sobre éste, que ya fue descripto entre los juegos deportivos de los adultos, existen algunas indicaciones de que también los niños, niñas y muchachos lo practicaban.  Beauvoir (1915: 204) dice que era común a chicos y grandes.  Tonelli (1926: 127) sostiene que se trata del juego que los adolescentes preferían.  Sin embargo, Gusinde (1931: 400) afirma: "Los muchachos nunca juegan a la pelota entre ellos.  Sólo lo hacen, en compañía de las niñas, si los mayores se lo piden; éstos forman una rueda y los niños y niñas se ubican dentro".


Notas
(1) "Cuero triangular que por medio de una piolita, (yarkiol), se ponen en la frente los del sur, los del norte lo llaman Kochel" (Beavoir 1915:27)
(2) Véase Martínez Crovetto, 1968, b:4
(3) "Nunca vi un aro de pasto cuya abertura central estuviera ocupada por un trozo de cuero como dice Gallardo"
(4) Rostkuis magellanica o Marsippospernum grandiflorum indiscutiblemente.
(5) Se refiere a la choza, denominada hain, donde los hombres efectuaban reuniones secretas

Raúl Martínez Crovetto

El Ingeniero Raúl Martínez Crovetto nació en la ciudad de Buenos Aires en 1921. Se graduó como Ingeniero Agrónomo en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires. Dedicado a la investigación científica, fue becario del Gobierno de Francia y del CNRS.
A partir de 1959 se desempeñó como profesor titular de la Universidad del Nordeste, Corrientes, en la cátedra de Fitogeografía. El rico acervo etnográfico y folklórico del litoral argentino influyó en su vocación, especializándose en Etnobotánica e interesándose en la Etnografía.
Su primera publicación sobre este tema se refirió a los indios Toba de la zona oriental de la Provincia del Chaco. Emprendió numerosos viajes por por sur y centro América donde se conectó con indígenas que conservan aún sus tradiciones ancestrales.
Nos ha legado publicaciones con extensas listas de nombres y modos de uso de los recursos naturales utilizados por los primeros habitantes de nuestro país.
Con respecto a Tierra del Fuego, individualizó 182 especies vegetales.
En 1967 fundó la revista "Etnobiológica" en la que fueron publicados numerosos trabajos de su autoría.
La importancia de este trabajo reside en su documentación, procedente de informantes que fueron los últimos representantes del pueblo selk'nam.



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