Thomas Bridges
Publicado en el Boletín del Instituto Geográfico Argentino. Junio-Agosto de 1893.

Este país comprende todas las islas al sud del Estrecho de Magallanes.  Estas son muy numerosas y algunas tienen mucha extensión.  La principal de todas, por su tamaño é importancia, se encuentra en la costa del Atlántico y se llama Onisin, esto es, Tierra de los Onas, siendo ésta la tribu que la habita.  Los naturales no tienen nombre por el conjunto de este gran archipiélago, aunque han dado nombres á las diversas islas y canales que lo componen.  Supongo que los primeros exploradores llamaron al país «Tierra del Fuego» á causa de las numerosas fogatas que hacían los indígenas, que en aquella época eran diez veces más numerosos que en la actualidad.  Los naturales siempre hacen fogatas en sus canoas; llevan antorchas encendidas cuando de noche están ocupados en la caza de aves; hacen señales por medio del fuego, y acostumbran incendiar el pasto seco y las malezas, con el objeto de limpiar el terreno y para que produzca mayor abundancia de bayas.  No es, posible que al país se le haya dado este nombre á causa de los volcanes, pues allí no existen, ni han existido en actividad en los tiempos históricos, aunque parece que toda esta comarca es de origen volcánico.

En su mayor parte, la Tierra del Fuego no es sino la continuación de la Cordillera, quebrada en una multitud de islas, con profundas y estrechas aguas que separan las escarpadas montañas, cuyas faldas están cubiertas de espesas selvas, y las cimas, de eternas nieves.  En toda la extensión de la Cordillera, las altiplanicies están cubiertas de ventisqueros, que en muchos parajes se extienden hasta la costa del mar, llegando á veces hasta el mismo océano, en el que suele encontrarse grandes lurtes, lo que hace peligrosa la navegación.

Como era de suponerse por su vasta extensión, el aspecto de las montañas varía mucho en los diversos parajes.  Aquí se desarrollan cumbres, cimas y picos aislados; allí son masas redondeadas, con mesetas y faldas menos escarpadas.  En ciertos lugares las rocas son de un color oscuro y negruzco; en otros se encuentran los diversos matices del amarillo y rojo.  En algunos parajes prevalece el esquisto, en otros es el cuarzo que abunda.  Muchas de las pendientes están cubiertas de piedras quebradas y sueltas, con grandes áreas arcillosas de colores variados.  Pero, por lo general, el aspecto de las montañas es áspero, con faldas escarpadas, muchas veces precipitosas, revestidas de una ligera capa de tierra vegetal, que en los parajes abrigados de los vientos glaciales del sud produce espesos matorrales y densas selvas, con árboles que alcanzan una altura de ochenta pies, cuyos troncos suelen tener seis pies de circunferencia.  Esta arboleda comprende tres distintas especies de hayas, una de ciprés y el Drymis Winteri, cuya corteza pimentosa y aromática tal vez podría utilizarse en la medicina, aunque la madera es de calidad, muy inferior.  En Punta Arenas le dan el nombre de canelo a este último árbol, en la suposición. de que la corteza aromática es una especie de canela, lo que no es cierto; también  allí llaman robles á las tres especies de hayas, pero sin fundamento ninguno.  Una de estas hayas es siempre-verde, las otras dos especies pierden el follaje en el invierno.  Los ciprés sólo se producen en las regiones occidentales y centrales; la madera es nudosa, pesada y de poco valor; la de las dos especies de hayas caedizas es la mejor que se encuentra en esas comarcas, pero no es de muy buena calidad á causa de la propiedad que tiene de torcerse y encogerse; así mismo puede utilizarse para galpones y cercos.  La madera de la variedad de haya perenne es más dura y pesada que la de las otras especies, y en Punta Arenas es menos apreciada.  Los indígenas emplean la corteza para la construcción de sus canoas, pues para este propósito es inútil la de las otras especies.  También, á causa de su mayor peso, prefieren la madera para la fabricación de sus lanzas.

Las principales zarzas, breñas y matas se componen de masas de fuschias, verónicas, leñadura, groselleros, dos variedades de berberís y el hermoso embothrium, que da bellísimas flores.  Son muchas las especies de arbustos cuyas flores dan variedad al paisaje.  Producen siete diferentes clases de bayas comestibles; pero como producto alimenticio, los hongos y los parásitos futigosos, que sólo se encuentran en la corteza de las tres especies de hayas, son más importantes para los naturales, pues son mucho más abundantes y se hallan en todas las estaciones del año.

Si bien es cierto que, por sus montañas, su clima húmedo y vegetación, la mayor parte de la Tierra del Fuego es andina, existe, sin embargo, una zona de menor extensión que es evidentemente una continuación de la Pampa patagónica.  Esta región comprende la mayor parte de la isla principal en la costa del Atlántico y la costa sud del costado occidental del Estrecho de Magallanes.  Casi toda esta comarca está cubierta de pasto y desprovista de arboleda.  El cielo está relativamente despejado y el clima seco; es habitada esta región por una tribu de indígenas llamados Onas, que han dado á la isla el nombre, de Onisín. Estos Onas son una rama de los Tehuelches de la Patagonia Meridional, á quienes mucho se parecen en la lengua y el aspecto físico; la diversidad en el método de vida entre las dos tribus se atribuye con razón á la generalización del uso del caballo entre los Tehuelches.

En la Tierra de los Onas, así como en la Patagonia, existen terrenos salitrosos, con la vegetación que los caracteriza: abundan los guanacos y las cururas y suelen encontrarse lagartos.  En  los lagos y lagunas se hallan cisnes y flamencos en gran abundancia, y no escasea el teru-teru; bandadas de gansos, y cantidades de patos, avutardas y cornejones frecuentan los lagos, ríos y riachos.  En ninguna otra parte de la Tierra del Fuego existen lagartos, cururas, flamencos ni teru-terus.  La Tierra de los Onas se compone principalmente de campos bajos, ondulados, sin piedra, siendo formado el subsuelo de tierra arcillosa.

Esta estratificación se encuentra en ambos costados del Estrecho de Magallanes al este de Punta Arenas, y es eminentemente aurífera, pues en los últimos diez años se ha encontrado oro en cantidad explotable por todas partes de esta extensa comarca.

La región se extiende al sud hasta Ushuaia y las islas de New Lennox, Picton y Navarino.  Esta formación queda indicada por barrancas y una superficie quebrada, que aquí y allí, en las lomas más elevadas, forma peñascos de arcilla y conglomerado; es al pié de estos peñascos que se encuentran los más ricos yacimientos auríferos.  Se ha hallado oro en alguna abundancia en la bahía de San Sebastián y sus alrededores, la bahía Slogget y alrededores, bahías Useless y Porvenir, también en las islas New Lennox y Navarino.  El precioso metal solo se encuentra como depósito de aluvión y jamás en las formaciones cuarzosas.  El oro bruto se paga en Londres á razón de 2 chelines 3 á 4 peniques el gramo.  De algunos años á esta parte han sido explotados estos yacimientos, no tan sólo en las costas sino también en el interior, en los lechos de los ríos.  En la costa del mar, los mejores yacimientos se hallan en el reflujo, y la producción sería muy superior si sucediera que el mar se retirara algunos pies ó si se levantara otro tanto el nivel de la costa.

Aunque en todos los parajes indicados se encuentra todavía oro en cantidad explotable, sin embargo, no produce hoy la minería tantos beneficios como en años anteriores, porque los mejores yacimientos están ya agotados y la extracción exige una ruda labor, siendo en consecuencia menor la utilidad.  Los pastoreos de Onisin, y los bosques que cubren las faldas de sus montañas, los peces y mariscos que abundan en sus mares, lagos y ríos son fuentes de riqueza mucho más seguras y permanentes que sus yacimientos auríferos.  Existe en Ushuaia un manantial de agua cristalina que deposita una abundante capa de sulfato de hierro sobre todas las peñas y piedras de los alrededores.  Esta agua está tan impregnada de gas que su sabor es desagradable cuando se bebe pura.  En muchos otros parajes hay fuentes naturales que depositan gran cantidad de sulfato de hierro.

El clima varia mucho según el distrito.  En la zona pampeana hace más calor de día y más frío de noche que en la región andina; aquí, debido al mayor número de días nublados y al exceso de humedad, el termómetro no señala gran variedad en la temperatura.  Las lluvias son también mucho más abundantes en unos parajes que en otros; el pluviómetro suele señalar á este respecto una diferencia notabilísima entre parajes separados únicamente por unas pocas millas El clima de Ushuaia, por ejemplo, es muy distinto del de Downeast, sobre la costa de Onisin, á pesar de que estos puntos sólo distan unas 36 millas el uno del otro.  En Ushuaia el cielo está más despejado, llueve menos, los días son más calurosos y las noches más frías.  En Downeast prevalecen por las tardes y de noche los helados vientos del Este.  Como consecuencia de estas diferencias climatológicas, las frutas se producen mejor en Ushuaia y las legumbres en general, coles, coliflores, lechuga, patatas, etc., en Downeast, pues éste último paraje suele escaparse de las heladas intempestivas que son tan frecuentes en Ushuaia. A estas mismas condiciones podemos atribuir la abundancia del Fagus Antarticus en algunos distritos, y del Fagus Betuloides en los bosques de otros.  Aquí, á causa de las excesivas lluvias, los árboles y arbustos se encuentran completamente envueltos en musgo; allí no existe musgo ninguno.

Sucede en la Tierra del Fuego lo que en todas partes, que el paraje más cálido en el verano es también el más frío en invierno.

En la región Norte de Onisin, el clima permite el cultivo de la cebada y la avena en suficiente abundancia para el uso doméstico, pero el trigo no se produce.  Teniendo la precaución de, cubrir las plantas de noche, se produce también la patata, pero las heladas no permiten su cultivo para la exportación.  En el Sud, sin embargo, siendo menos frecuentes la heladas nocturnas, cosechamos este tubérculo tan bien como en Punta Arenas, donde los días son mucho más cálidos.

En la Tierra del Fuego las abundantes lluvias producen por todas partes excelentes pastoreos.  Los graves inconvenientes del clima son: la baja temperatura media, los fuertes y casi constantes vientos y las heladas nocturnas fuera de estación, pues éstas son frecuentes en todos los meses del año.  Así, por ejemplo, jamás se consigue una abundante cosecha de patatas, las habas y los porotos no se producen, el trigo no madura ni tampoco las frutas. Esto sucede aún en Punta Arenas, donde durante muchos años se ha ensayado en vano el cultivo del cerezo, el manzano y el peral.  En la región andina, aunque son raras las heladas nocturnas, la temperatura de día es tan baja que el desarrollo de la vegetación es en sumo grado lento.  Asimismo, en este distrito tan excesivamente húmedo suelen encontrarse, y hasta una elevación considerable en las faldas de las montañas, espesas matas de fuschias en flor y gran abundancia de la hermosísima philesia.

En la Tierra del Fuego las especies de aves son numerosas, aunque la cantidad de cada especie no es abundante por lo general.  Además de los pájaros ya mencionados, se encuentran agachadizas, perdices, becadas, gansos, calandrias, pardillos, pinzones, tordos, estorninos, golondrinas, periquitos y hasta uno que otro picaflor; hay también algunas especies de reyezuelos, picapostes y alciones, y suelen aparecer algunos cóndores, cisnes y pelícanos; abundan las gaviotas, los pengüines y diversas clases de aves marinas. Los periquitos son numerosos y permanecen todo el año, las demás especies son en su mayor parte migratorias.  También se encuentran murciélagos.

De los cuadrúpedos, el más importante es el guanaco, que se encuentra por todo Onísin y abunda en la isla de Navarino, pero no existe en ninguna otra parte de la Tierra del Fuego.  En las principales islas hay zorros de gran tamaño, como igualmente nutrias de agua dulce, llamadas Saapai por los indígenas.  Se encuentran dos variedades de nutrias marinas y cuatro especies de lobos marinos; también hay diversas clases de ballenas y puercos marinos, á todas las cuales los naturales han dado nombres especiales.

Entre los peces figura el mújol (de calidad excelente) y dos variedades de espirenque de mar, como también el abadejo, la merluza, dos especies de clupeas, parecidas á la sardina, y diversas clases de peces de mayor tamaño, que se alimentan de las clupeas, entre otros, el escombro y el haleche.  También se encuentran dos especies de congrio y gran variedad de peces comestibles que sólo conozco por los nombres que les dan los indígenas.

Hay gran abundancia de mariscos; conozco dos especies de cangrejos, varias clases de almejas y lepadas, conchas univalvas espirales, ostras pequeñas y dos variedades de caracoles de mar, y erizos marinos de gran tamaño y excelente calidad; existen, sin embargo, muchísimas otras especies.  De vez en cuando aparecen tiburones, pero no los comen los naturales.  En el otoño hay grandes cantidades de langostas marinas, que tampoco comen los naturales.  Existe un marisco, llamado Daunuwa, del que antes de comerlo, extraen con esmero cierta parte que es en alto grado ponzoñosa.

Además de los vegetales ya mencionados, los indígenas usan como alimento los siguientes: las raíces y hojas del uryata y las raíces del ouwunim y del yeshama; pero no comen apio ni mastuerzo, aunque estos abundan por todas partes.  Existen en mucha abundancia las siguientes plantas molestas: la ortiga dióica, las semillas espinosas del ouwunirn, la yerba caña y la álsine.

Hay en la Tierra del Fuego abundancia de diversas clases de pastos.  Las vacas producen la mejor leche cuando los pastos dan la semilla, de Enero en adelante; el ganado está en las mejores condiciones en Abril y Mayo, poniéndose flacos los animales en Setiembre y Octubre.

El pasto no crece desde Mayo hasta Octubre, ambos inclusive, es decir, durante seis meses del año.  Asimismo, si el pasto no pasa de tres pulgadas de alto, se conserva bien todo el invierno; y cuando se tiene cuidado de reservar las áreas necesarias para el uso durante la primavera, el ganado, no sufre por falta de alimento.

En la Tierra del Fuego meridional no se seca el pasto, por consiguiente es necesario recurrir al alimento artificial, compuesto de toda clase de vegetales aprensados, para el invierno; por otra parte, en el Norte de Onisin el pasto se seca. y emparva perfectamente.  En las regiones occidentales y centrales abundan las fuschias, pero en el Sud y Este las heladas destruyen las plantas todos los años, de manera que los retoños nuevos se producen demasiado tarde para la florescencia y las matas apenas alcanzan la altura de dos pies, mientras que en el Oeste llegan hasta la de siete pies.  La philesia, que tanto abunda en el Oeste, no crece en las regiones orientales; y el ciprés, que en el occidente se encuentra por todas partes, es absolutamente desconocido en el Sud y Oeste.  Existen otras diferencias notables entre la vegetación de estos distritos, pues hay muchísimas plantas comunes á todas partes de la región pampeana que no se producen en los distritos forestales.

Mucho interés me han inspirado algunos de los procesos naturales que dan por resultado la formación de nuevas tierras. He observado que el hielo es un importante agente en estas trasformaciones. Se produce una fuerte helada sobre las superficies cenagosas de ensenadas ú otros parajes expuestos á ser anegados.  EI agua se cubre de masas dé hielo que penetran hasta el lodo y las piedras que se encuentran en el fondo.  Sube la marea y se levanta el hielo junto con la capa inferior de barro helado, etc.

Los vientos y las corrientes arrastran todo este detritus á otros parajes; allí, con los deshielos, baja todo al fondo depositándose de tiempo en tiempo nuevas capas de tierra fértil hasta levantarse sobre la superficie; éstas más tarde se cubren de vegetación; he notado, en diversas ocasiones, que por este procedimiento se han cubierto de tierra fértil muchos parajes en los que, debido á la acción del mar, no existe vegetación ninguna.

También he observado los efectos de los hielos flotantes sobre les puntas de los guijarros: masa tras masa, deshechas por la acción combinada del viento y la marea, se van estrellando contra los guijarros, piedras sueltas y arena, arrojándolo todo á niveles más elevados, por cuyo medio la superficie queda levantada fuera del alcance de las aguas á marea alta.  Con el tiempo la acción erosiva del hielo produce efectos muy notables.

Y por último, he observado en tiempo seco, sin viento y cuando sube la marea, que una cantidad considerable de piedritas de todas clases van flotando con las superficies superiores secas, aunque están debajo del nivel del agua; las corrientes las llevan en grandes cantidades y á distancias considerables.  Este fenómeno sólo se presenta en tiempo seco, con una atmósfera tranquila, bajo cuyas condiciones las superficies secas de las piedras tienen la propiedad de resistir la acción de la marea, los guijarros flotan y son arrastrados por el agua.

En invierno las heladas son bastante fuertes y persistentes para penetrar en tierra labrada hasta la profundidad de un pie, y para clausurar los lagos durante tres meses; en tales condiciones se comprende que la labranza es imposible.  En esta estación, también, se hace muy peligroso el uso del caballo, ya sea para la silla ya para la tracción, á causa de las constantes nevadas, pues la nieve se derrite y se hiela sucesivamente, quedando cubierto este hielo por los abundantes copos de una nueva nevada.  Estos peligros son más notables en las distritos quebrados y rocallosos, como por ejemplo, en las costas del canal de Beagle.  Los inconvenientes del invierno no consisten tanto en la intensidad del frío, sino en los frecuentes y bruscos cambios de temperatura, las lluvias alternadas con nevadas, deshielos y heladas, lo que conjuntamente produce un estado crónico de períodos de hielo, fango y barro durante seis meses del año.

La frecuencia de los vientos fuertes y fríos en verano también perjudica mucho la agricultura, que sólo es practicable, aun para los productos caseros, en las localidades bien abrigadas.

Las condiciones climatológicas varían considerablemente de año en año.  Aun en la Tierra del Fuego Austral se han sufrido grandes secas durante el verano, causando graves perjuicios, pues han, retardado la germinación de la semilla hasta hallarse demasiado avanzada la estación.  Algunos años los fríos y las heladas permanecen aún durante los primeros meses de la primavera, otros años sucede todo lo contrario.  Suele ser el otoño sumamente seco, aunque, por lo general, es la estación más lluviosa del año.

En la Tierra del Fuego se encuentran todas las variedades de suelo: arcilloso, arenoso, pedregoso, fangoso, gredoso y tierra vegetal.  Los bosques sólo se producen en las tierras pedregosas y gredosas.

Los terrenos arenosos son los más á propósito para la agricultura, pero á causa de la falta de calor es indispensable abonarlos con frecuencia.  En ciertos distritos existen considerables depósitos de turba, que, probablemente no serán apreciados mientras no se agote la leña.

Las semillas del haya son pequeñas; el Fagus Antarticus produce sus semillas sueltas, el Fagus Betuloides, y una tercera variedad que, según tengo entendido, no ha sido clasificada por los botánicos, las producen envainas, dos semillas encerradas en cada vaina.  Esta. variedad desconocida, llamada Cuturán por los yagones, suele adquirir un tamaño considerable, pero los árboles no son jamás tan corpulentos como los de las otras dos especies.  En los terrenos pantanosos, y á veces en tierra seca y firme, se encuentra en forma de arbusto; como árboles aislados ó agrupados se halla por todas partes.  El Fagus Betutoides suele encontrarse aislado ó en bosquecillos, pero nunca en forma de arbusto.  Las hojas de esta especie son de un color oscuro, y el follaje es más espeso que el de las dos especies caedizas. El Cuturán tiene la hoja más pequeña, echa la hoja antes y la pierde más temprano que el Fagus Antarticus, llamado Hanis por los indígenas; la madera, también, es más correosa y de un color rojizo.  Este árbol se extiende mucho, pues las ramas tocan el suelo, echan raíces, y producen nuevos troncos, de manera que un solo pie suele tomar el aspecto de un montecillo.  Las flores, aunque diminutas, son abundantísimas de colores muy brillantes y perfuman el aire.

Produce en grandes cantidades un parásito fungoso que, tal vez, pudiera utilizarse por la calidad de la goma ó gutapercha que contiene.  Las principales variedades de esta excrescencia se llaman por los indígenas, oachik, suchipu, azuf, catarctn y maama.

Se producen otras en gran abundancia, pero son de menos importancia relativa.  Las dos primeras especies mencionadas crecen en el verano, la última, en el invierno, las demás se producen en la primavera y las utilizan los naturales desde Enero hasta Noviembre.  Todas las especies al madurarse se ponen blandas y porosas, llenándose de gusanos. El oachik sin embargo, se seca al humo y se conserva durante meses enteros; es éste, sin duda alguna, el mejor de todos los parásitos fungosos que produce este árbol.  Todos ellos, en las estaciones que respectivamente les corresponden, se producen en excrescencias leñosas llenas de yemas; cada yema representa una planta.  Se encuentran de todos tamaños al rededor del tronco, las ramas y los retoños, en los que están firmemente embutidos.  Los indígenas dan el nombre de Ushamaif á estas excrescencias leñosas, que abundan en las tres especies de hayas.  Estos árboles también producen otras especies de parásitos, siendo notables algunas de la familia del muérdago, que florecen á principios de la primavera, en cuya estación sus racimos, de un verde amarillento, dan un aspecto muy hermoso al árbol.  Es de notarse que se producen muchos desarrollos anormales, que resultan de la acción de los insectos y por otras causas; estas variaciones afectan igualmente el color y la forma de las hojas y vástagos.  Suelen encontrarse hojas encarnadas, violadas y amarillentas en plantas cuyo follaje es naturalmente verde.  El Drymis Winteri no sufre estas alteraciones.

Me han llamado la atención dos especies de bayas que se producen por todas partes, y que se encuentran en estado de madurez durante todo el año.  Aunque se parecen poco entre sí, pertenecen á la misma familia y son muy apreciadas por los naturales; éstos las llaman Goosh y Shanamain.  Son umbelíferas las plantas, y producen flores blancas, y bayas rojas en gran abundancia.  Al principio aparece el fruto encerrado en vainas verdes -por lo menos los que crecen en invierno- al aproximarse la primavera estas vainas gradualmente asumen la forma y el color de bayas, y continúan madurándose desde principios de la primavera, hasta mediados del otoño.  Los arbustos dan flores y fruto en todas las estaciones.  Debido á la naturaleza carnosa de estas bayas, y á la relativamente pequeña cantidad de jugo que contienen, resisten perfectamente las heladas del invierno, á menos de encontrarse completamente maduras en esa estación.  Existen en el país cinco diferentes especies de arbustos espinosos, y todas ellas en tanta abundancia que causan mucho daño á las ovejas.  El más nocivo es el calafate.  La leñadura es un alimento muy útil para el ganado.  Hallase en plena florescencia en el invierno, precisamente cuando más falta hace.  Es el alimento favorito del guanaco.  Abunda en los bosques, en los que muchas veces forma espesas matas que casi alcanzan las dimensiones de árboles.

En la Tierra del Fuego hay relativamente pocos insectos, y los que existen no son muy molestos.  Hay que exceptuar, sin embargo, los mosquitos, que en algunos distritos son insoportables.  Hay pocas especies de moscas, tres clases de mariposas, algunas variedades de polillas, una sola de avispas ó abejas, muchas moscas de patas largas y diversas especies de escarabajos.  Existen también babosas y pequeños caracoles, los que, junto con los gusanos y lombrices de tierra, se aumentan mucho con la labranza.  Abundan los ratones por todas partes, aún en los islotes.  Una vez introducidos los conejos, se multiplican con rapidez; otro tanto sucede con los cerdos, que se vuelven silvestres y medran en este estado, lo que me había parecido imposible.  El caballo también se reproduce perfectamente y medra en la Tierra del Fuego, donde no requiere cuidados especiales.  Las vacas dan buena leche, y la labor de la granja será remunerativa cuando exista una demanda local para sus productos.  También podría importarse con provecho el ciervo en muchas de las islas que sólo sirven para la producción de esa clase de cuadrúpedos, sobre todo en el distrito andino.  Existen ciervos en la Patagonia Austral, pero jamás los he encontrado al Sud del Estrecho de Magallanes.  La introducción de estos animales sería una buena obra para alguna sociedad filantrópica, ó, para el Gobierno.

Los indígenas de la Tierra del Fuego se componen de tres razas, de las cuales dos son marítimas, que poseen canoas, siendo la otra terrestre, que no hace uso de la canoa.  El almirante Fitzroy llama á los individuos de esta última raza ó tribu, los hombres de Owent son generalmente conocidos por el nombre de onas.  Las otras dos se llaman respectivamente Yagones y Alacalufs.

Las tres razas hablan lenguas enteramente distintas pero con esta excepción, hay poca diferencia entre los Alacalufs y los Yagones.  Los primeros ocupan el distrito andino y están relacionados con los Chonas, del Sud de Chiloé.  La tribu Yagon ocupa toda la costa meridional de Onisín y las costas de todas las islas que quedan más al Sud, hasta la misma isla de Hornos, y han llegado hasta el lejano grupo de lldefonso, que llaman Yecapasisyoohs.

Llaman Ushtanush á la isla de Hornos, Oüshan á los Evouts y Chuanisin á la isla de los Estados.  Los naturales, muy numerosos en otra época, están desapareciendo bajo las influencias combinadas de los abusos, la violencia y las enfermedades, importadas.  En un tiempo eran muy sanos, no conocían las enfermedades escrofulosas.

Por listas de nombres y familias, tomadas hacen treinta años, deduzco que entonces había por lo menos 10.000 indígenas; creo que hoy no pasan de 1.000.

De 1852 á esta parte, los yagones han sido objeto de los desvelos de una misión cristiana.  En los primeros años, debido á la inexperiencia de los misioneros y á la falta de conocimiento de la lengua de los naturales, la misión luchó con grandes dificultades y demoras, llegando hasta sacrificarse las vidas de algunos de los misioneros; pero después de haberse hecho un estudio prolijo del idioma, y con la experiencia adquirida á tanto costo, los indígenas se han mostrado dóciles y aptos para apreciar las ventajas de la vida civilizada de los cristianos, y han mejorado sus condiciones, tanto física como moralmente.  En una época la misión se hallaba en sin estado muy próspero y daba promesas halagüeñas para el porvenir; los naturales empezaban á comprender las comodidades de la vida civilizada, poseían ganado y cultivaban la tierra, y, en consecuencia de esta vida regular, se multiplicaban rápidamente.  Pero desgraciadamente, fueron introducidas del exterior ciertas enfermedades que se propagaron rápidamente, y poco después, la tribu fue asolada por epidemias de sarampión, viruela é influenza, quedando los 3.000 yagones de entonces reducidos á unos 300, que es el número con que cuenta hoy la tribu.

Siendo esta tribu la que mejor se conoce, mis apuntes se refieren principalmente á ella; tanto más que tengo muy fundadas razones para creer que las tres tribus son muy semejantes en cuanto á inteligencia, ideas, moral y costumbres; ninguna de ellas es inferior á las otras, siendo cada raza perfectamente adaptada á las condiciones geográficas y climatológicas de la comarca que habita.

Cuando estas tribus ocupaban distritos linderos, eran frecuentes los matrimonios entre los individuos de una y otra tribu, el trato llegó á ser íntimo y muy semejante el método de vida.  Los alacalufs de las costas norte y oeste de Onisin, por ejemplo, conocían la lengua de los onas, y muchas veces los hombres de aquella tribu contraían matrimonio con mujeres de ésta, y viceversa.  Otro tanto sucedía entre las tribus yagon y alacaluf.  Al este y sud, los yagones tuvieron trato intimo con sus vecinos á cada costado, conocían ambas lenguas y se acomodaban perfectamente al método de vida de unos ú otros.

El capitán Fitzroy no despreciaba las fuerzas físicas y el valor de los yagones, pues halló que muchas veces salían vencedores en los juegos atléticos con los marineros ingleses, y en consecuencia prohibió á su gente esta clase de diversión con los indígenas.  En otra época los yagones fueron apenas tenidos por seres humanos, se decía que eran antropófagos y se creía que vivían sin ideas de orden social.  Mas cuando fueron bien conocidos, se descubrió que no eran caníbales ni polígamos y que, por lo general, respetaban los derechos que resultan de la vida de familia.

Jamás contraían matrimonio dentro de los grados de consanguinidad prohibidos por la ley natural.  Por ejemplo, los primos, hasta el segundo grado, no se casaban entre sí.  También se encontró que poseían un idioma amplio y regularmente construido, tan rico en sonidos elementales como el inglés, y con 30.000 vocablos, por lo menos.  Sus costumbres hacían imposible el canibalismo, pues profesaban gran respecto por la vida é inculcaban el condigno castigo á los asesinos.  Las historias propaladas de que mataban á las ancianas ineptas para el trabajo son pura fábula.  Esas mujeres viejas vivían con tanta seguridad como los demás individuos de la tribu, pues tenían hijos y nietos que habrían sabido defenderlas contra cualquier atentado.  Los hijos estaban más apegados á las madres que á los padres y la parentela del lado materno era tan apreciada como del paterno.  Muchos han creído imposible que tribus en las condiciones de los fueguinos poseyeran un idioma relativamente tan rico; pero esta suposición nace de la ignorancia del método de vida de los indígenas.  Citaré algunos ejemplos que demostrarán que esta lengua bien puede tener un vocabulario de 30.000 palabras.

Por país tienen el vocablo usi; por terreno, hanna; por tierra, tun; por costa, yusha, y por ribera, paiaca.  Dan nombres distintos á diversas clases de costas: hahshuk es una costa guijarrosa; duan, una pedregosa; lahpicun, una fangosa; aselán, una arenosa.  Uáhan es la costa sobre la cuál se halan y depositan las canoas. Además de poseer voces que corresponden á nuestras expresiones geográficas, tienen algunas palabras especiales, como por ejemplo: amaca, que indica aguas abrigadas de los vientos por islas algo distantes, pero que no se encuentran tan cerradas que formen bahías.  Ucca significa un gran lago; acamaca, un lago ordinario y acaloaia, una laguna.  Tahshapala indica la cima redondeada de una colina desprovista de arboleda, pero cubierta de yerba y arbustos y rodeada de bosques.  Liahca expresa una llanura con arboleda y rodeada de sierras; putan, un hueco; luchi, un valle; ushluchi, un valle pequeño; haracuhr, un peñasco, y shahquina, una barranca arcillosa.  Las diversas clases de arcillas, piedras y tierras se designan con nombres especiales, como también ciertos huesos que los indígenas destinan á usos determinados.  Hueso se llama hahtush; la mandíbula de la ballena, de la que hacen puntas para lanzas, se denomina isisca, y la punta de lanza se llama, según su clase, oaia, shushoaia, ó rnik.

Pero la lengua yágon es rica sobre todo en verbos.  Daré algunos ejemplos: Quimu significa colocar piedras planas para dar paso sobre lugares lodosos. Chquinu, es formar un camino de hojas ó yerbas; chqindica significa cubrir con una piel ó un lienzo.  Ata significa alzar con las manos; umisata, levantar en los brazos; gumata, levantar una cosa encima de otra, como por ejemplo, ascuas sobre la extremidad de un palo; gaiata, levantar una cosa con la punta de otra y umbata levantar con dos objetos cruzados, como con tenazas.  Bastarán estos ejemplos.  También hacen uso de voces que difícilmente se comprende que existan en el vocabulario de un pueblo semejante.  Macanana, por ejemplo, significa hallarse uno en una pena análoga á la que padece otro persona, sufrir con ó como otra persona, y por consiguiente, manifestar simpatía ó condolencia; tumuru es tener lástima; aluwona, compadecer, defender á otro como amigo; matawahbu, ser bondadoso; annuna, querer y desear la compañía de otro; yamáliga, sentir la ausencia de un amigo y desear su regreso; wisdahtoo, velar; undana, velar esperando á alguien; alaguna, mirar; tstelenata, ojear; gutana, hablar; yahgaia, decir; tiahmuna, tener ira; yahtushu, charlar; bomana, rebuznar, tambien chacharear; mara, oir; mushata, escuchar.

Como en la lengua yagon no existe pronombre neutro, éste se suple con voces verbales que, hallándose en singular ó plural según el sujeto, indican á la vez el caso complementario.  Por ejemplo: atawina significa tómalo; tuminawina, tómalos (pl. tres ó más); atatuinapai, tómalos (dual); iquimañina pónlos; iquimauinapai, pónlos (dos); taiyigauina, pónlos (plural); ¿Can utecade hauan? ¿quién puso esto aquí? ¿Can utecapiquindsi hallan? ¿quién puso estas dos cosas aquí? ¿Canna waselude hauan? ¿quién puso aquí estas cosas? (más de dos).  Hatagua scaia syuan.  Te daré aquello.  Hata cutagupicinoa syuan.  El me dará esas (dos cosas) á mi. Haia caiyatua syuan.  El me dará esas cosas (tres ó más) á mí.  Existen igualmente algunos verbos intransitivos con estas variaciones de número, pero no parecen tener la misma aplicación.

Los indígenas no conservan tradición alguna de su pasada historia, ni saben de dónde han venido.  Carecían de idea de un Ser Supremo, aunque creían en la existencia de espíritus ó ánimas, que de noche podian hacerse visibles pero que no eran tangibles.  Estos espíritus eran malignos y los naturales los relacionaban con las enfermedades y la muerte.  Solían emplear la palabra cashpik, ánima, como calificativo, aplicándola á un individuo en sumo grado desagradable ó extravagante.  También creían en la existencia de ciertos seres llamados Hannush, especie de salvajes de los bosques, ó dementes.  Suponían que estos fuesen semejantes al hombre en la forma, que vivían en la soledad ó en grupos, pero sin mujeres ni hijos; hallábanse constantemente de asechanza, tratando de sorprender á hombres, mujeres y niños para matarlos.  Pasaban de boca en boca historietas de la hazañas de estos hannushes, y se refería que fulano ó sutano se había encontrado con uno de estos seres, que lo había batido, vencido y muerto, y otros cuentos por el estilo. Pero los indígenas jamás rendían culto ni reveración á cushpik, hannush ni á ningun otro sér.

También creían en la existencia de ciertos asesinos occidentales, á quienes llamamos asasyu, ascribiéndoles poderes maravillosos y una maldad fabulosa.  Estos vagaban de noche, embarcados en canoas rápidas y de sólida construcción, con el objeto de matar á cuantos encontrasen.

De día se ocultaban con artificio tal que jamás podían ser hallados; pero se referían cuentos de éste ó aquel que los hablan visto de noche, logrando escapárseles.  Así sucedía que estas pobres jentes se atormentaban con temores supersticiosos, á la manera de todos los ignorantes.  Estas sandeces, según creo, son Ias fantasías de mentes enfermizas y endebles,  y también resultan de tendencias mórbidas y de sueños.

Gran parte de los ancianos pasaban por brujos; éstos no eran tan sólo los que habían adquirido cierta influencia a causa de la superioridad de su inteligencia ó por sus fuerzas físicas, sino que entre ellos se encontraban hombres de todas clases.

Se llamaban yecamush, y por medio de encantos, ayunos y mecimientos del cuerpo, procuraban inducir un estado de sobrexcitación.  Llegados á esta condición, pretendían poseer poderes extraordinarios.  He visto á uno de ellos lanzarse sobre la fogata y arrojar las brasas encendidas por encima de los toldos entre las gentes allí reunidas, mientras él bailaba sobre el fogón recalentado.  Es de suponerse que algo se habrá quemado la dura piel de los piés, y es probable que habrá tomado la precaución de mojarlos bién de antemano.

El yecamush pretendo tener tratos con séres llamados yapahchel y hvachielld, y son éstos los que les dan la facultad de ver y hacer cosas fabulosas, y especialmente la de curar y matar.

En la práctica del arte de curar emplean encantos y saltos y pasan las manos por encima del enfermo, haciendo sonar los dedos.  Por estos medios se sobrexcitan los curanderos, é inducen cierto grado de hipnotismo en los enfermos.  Cuando existe algún dolor local, manipulan esa parte, y llegados al más alto grado de frenesí, la chupan y pretenden extraer el yecush, esto es, la lanza ó la punta de flecha que suponen debe ser la causa del dolor.  Estos brujos ó curanderos nunca faltaban cuando se hallaba enfermo alguno de, sus conocidos, ya porque fuesen llamados, ya porque se trasladasen al toldo del enfermo sin ser invitados. También pretendían que podían hacer buen tiempo, que es lo que se desea en aquellos parajes.  Para darse el aspecto de la vejez solían untar las cabezas diariamente con tumarahpu, siendo llamada esta operación tumuaswona. Las ideas de esta tribu respecto al bién y el mal fueron semejantes á las que prevalecen por todas partes. Lo que es moralmente malo lo es también físicamente, y es, por consiguiente, condenado, no por el que comete el acto sino por aquel que sufre las consecuencias.  Del mismo modo, lo que es justo, recto y bueno es casi siempre recomendado á causa de su utilidad.  Pero en ninguna parte conduce el sistema utilitario á la virtud, y así vemos, tanto entre los cristianos como entre los paganos, que el mal se comete por aquellos que en principio lo condenan, y la virtud, por,todos recomendado, se practica por pocos.

En todas partes el hombre está más adelantado en sus teorías que en sus prácticas.

Sucede, pues, que al condenar en los demás lo que él mismo comete, el hombre se condena siempre á sí mismo como pecador.  La virtud es alabada por aquellos que no la practican.

Como la mayor parte de los pueblos salvajes los yagones no temen una vida futura ni abrigan, esperanzas de ultratumba; no ofrecen holocaustos ni tienen idea alguna de la expiación por el pecado.  El mal que se comete sólo concierne al actor y á la víctima.

Los yagones poseen cierto número de dramas de carácter semi-supersticioso, y á cada uno de estos corresponden disfraces, manera de representación y estilo de canto especiales.  Estos dramas sólo se representaban en los casos de hallarse muchas gentes reunidas, y únicamente como diversión, aunque muchas veces los actores se sangraban las narices con el objeto de untarse.el pecho con la sangre.  Los personajes representados eran todos seres mitológicos que, según se suponía, habían existido en otras épocas; todos eran perversos y habían venido de diferentes parajes.  Uno, por ejemplo, había llegado á la escena desde los bosques, otro había salido del mar; algunos venían de las nubes y otros salían de la tierra.

Para llevar á efecto los disfraces y guardar el secreto, se levantaban construcciones especiales, llamadas quina, en las que no permitían que entrasen mujeres ni niños.  Una vez terminados los preparativos, se reunía toda la concurrencia, manteniéndose las mujeres y criaturas separadas de los hombres.  Los actores (todos hombres), disfrazados con caretas negras y yelmos, los cuerpos pintados con ocre de diversos colores y untados con sangre, se presentaban ante el público, con lanzas, cachiporras, arcos y hondas en las manos, y amenazaban con estas armas á la concurrencia.  Como se buscaba y esperaba, las mujeres y los niños lanzaban gritos de terror.  Los actores brincaban, saltaban y bailaban con frenesí, usaban encantos, se arrojaban con violencia de parte á otra y seguían amenazando á las gentes reunidas, hasta que, por fin, completamente exhaustos, se retiraban al interior de la quina, se despojaban. de sus caretas, yelmos y, armas y se lavaban la pintura, muy satisfechos de su actividad y habilidad, que eran,tanto más apreciadas cuanto más feroces y bárbaras hubiesen sido.  Los disfraces eran tan completos que los parientes más cercanos no conocían á los actores.

En épocas determinadas los varones adolescentes eran sometidos á una severa disciplina bajo la tutela de sus tíos ú otros parientes cercanos; ayunaban y ejecutaban duras labores, se les inculcaba la mayor humildad, la honradez, la castidad, la paciencia, la industria y el respeto por la verdad.  Mientras se hallaban bajo esta disciplina é instrucción se les llamaba ushwoala, los niños que aun no habían pasado por esta prueba tenían el nombre de tahmam.  A la edad de 13 á 14 años las mujeres recibían una instrucción análoga de parte de sus tías, después de la cual podían casarse.

El infanticidio era muy raro entre los indígenas aunque no del todo desconocido; en estos casos las víctimas casi nunca eran los hijos varones.  El número de varones v mujeres es casi igual, como lo he podido verificar en las ocasiones de los grandes festejos.

Los indígenas han desarrollado todas las cualidades más útiles para la vida que llevan: sus canoas son perfectas de su clase, y otro tanto puede decirse de todos sus utensilios é implementos.  Con los materiales de que disponen no comprendo como podrían ser mejorados.  Se adaptan perfectamente al suelo y clima del país en que se encuentran.  De manera, pues, que los viajeros que los han visitado hicieron mal al condenarlos por su pobreza é ignorancia, de las que no eran culpables. La construcción de sus canoas, armas, implementos, etc., y la labor de obtener su sustento del mar, la costa y los bosques, ocupaban casi todo su tiempo.

En la actualidad sus principales diversiones son la lucha, el juego á la pelota y el ejercicio con lanzas, flechas, hondas y piedras.  Tienen diversos métodos de cazar y matar pájaros, y en todos ellos manifiestan mucha destreza.  La voz istowaluk expresa la fortuna ó el éxito en la caza; usitugahgu significa baqueano, ó buen guía para conducir á un paraje determinado.  Los indígenas. acostumbran ir libremente á aquellos que tengan caza ú otros alimentos de sobra, para procurarse una parte de los mismos; y siempre salen satisfechos.

Jamás piden nada, pero se comprende perfectamente el objeto de la visita.  Nunca dan las gracias, pero en toda ocasión están listos para retribuir estos servicios.




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